18 de junio de 2014

CRÍTICA | BAJO LA MISMA ESTRELLA (2014)

Hace un par de años, Las Ventajas de Ser Invisible se despedía con la esperanzadora vida de un joven, quien por un momento aseguraba sentirse infinito. Por ello, aprecio poder reencontrarme con un concepto similar, ahora en las manos de otro grupo de adolescentes. Esperanza y futuro es lo que aquel film de 2012 inducia en nuestros corazones, y por más que esas dos palabras no formen parte de este otro relato, si nos ofrece una porción de dicha y paz para el final de nuestras vidas.

Es difícil convertir la mayor tragedia humana en algo positivo, pero si algo se destaca en Bajo la Misma Estrella, la adaptación de la novela escrita por John Green del mismo nombre, es la auténtica sonrisa con la que afronta su triste realidad. Por más que sea mediante un romance, atroces enfermedades o algunas vidas demasiado cortas, existe algo en este relato de amor adolecente que todos deberíamos recordar. Vivimos y morimos, pero sin importar cuanto nos tome dicho proceso, siempre quedara algo en el medio. Para nosotros, para alguien más; nuestra vida habrá significado algo, y por lo tanto no acabara ahí.

Sumerjámonos entonces en la vida de Hazel Grace Lancaster (Shailene Woodley), una adolecente que padece cáncer de tiroides. Su enfermedad no le permite tener una vida plena, propia de alguien de su edad, y ante una comprensible depresión, se le aconseja asistir a un grupo de ayuda para jóvenes con cáncer. Luego de algunas visitas, Hazel conoce a Augustus Waters (Ansel Elgort), otro participante de este círculo de ayuda, quien a diferencia de su nueva compañera, afronta su vida con una envidiable actitud positiva. Ese entusiasmo que lo caracteriza consigue contagiar la vida de ella, y poco a poco ambos se vuelven inseparables. Es así como Hazel olvida sus depresiones y se preocupara por vivir sin detenerse a esperar el último respiro de su enfermedad.

Incluso haciendo todo esto para evitar los momentos más sombríos o tristes que una cinta sobre adolecentes con cáncer puede ofrecer, la narración introducida por Woodley como Hazel es la primera clave para justificar el respeto que The Fault in Our Stars merece. Cualquiera que esté al tanto de esta historia, o simplemente reconozca su argumento, sabrá que unos cuantos pañuelos estarán a la búsqueda de lágrimas acá, y si bien cubriré eso mismo a continuación, debe entenderse que todas esas lagrimas podrían ser acompañadas por una sonrisa.

Al día de hoy, toparnos con un film de este carácter que no pretenda manipular al espectador con sus tragedias, si bien pareciese que lo intentara, es algo difícil. Pero, un llanto de felicidad es algo aún más exigente, y si debo comenzar a elogiar, la genuina sensibilidad con la que la película nos golpea debe ir primero. No podre negar el vuelo de la parca sobre este relato, pero si puedo afirmar que debajo de ella, hay un par de almas lo bastante reales y vivas como para no pensar en la misma.

Esas actitudes tan satisfactorias le pertenecen a la pareja en concreto, confirmando que Woodley y Elgort trabajan perfectamente, tanto juntos como por separado. Si bien su química es muy disfrutable, cada quien aporta sus momentos en solitario, escenas de mucho talento donde la revelación de Elgort es refrescante y el talento de Woodley es más que notorio, calificando como su mejor papel hasta la fecha.

Los protagonistas también son acompañados por memorables aportes del reparto. No cualquier romance juvenil consigue a William Dafoe y Laura Dern entre sus líneas, y ninguno de los dos está ahí solo para cobrar un cheque. Dern es dueña de caras muy angustiosas y su interpretación como la madre de Hazel es todo lo que debería ser y más. Aunque, la excelencia aun le pertenece a Dafoe, como un personaje que debería mantener oculto por el bien de la historia. Es el individuo más realista, y su sola escena principal es unas de las secuencias más deprimentes que nos ha entregado este año. Sin embargo, entre todo el dolor y tristeza, debo admitir que una pequeña aparición adicional suya consiguió que soltara mi única lágrima.

Acerca de esas lágrimas, el tercer acto del film parece poner énfasis en una manipulación de nuestra conexión con los protagonistas. Pero la sola existencia de dicha conexión permite perdonarle la forma en que desciende a territorios considerablemente lacrimógenos. Dichos llantos son impulsados por todo tipo de emociones donde me es difícil creer que alguien no consiga invertir una lagrima por estas personas, incluso habiendo cruzado decisiones típicas de un drama adolecente.

Pisando la tierra de las novelas juveniles, el factor “cursi” hace demasiados actos de presencia, al punto en que es inútil señalarlos. Aun así, la balanza se mantiene inclinada por lo natural, apostando al aprecio de cualquier espectador, y no solo al amor de aquellos a los que el film es dirigido, desde su sola primicia o fuente. Ese público, caerá en los brazos de esta historia, compartirá lágrimas, y seguro convertirá al film en otro fenómeno juvenil. La diferencia con éste fenómeno de los demás, es que se merece ser uno.

Principalmente porque tiene algo para contar, y atreviéndome a decir más, realmente sabe cómo hacerlo. Abriéndose y concluyendo de forma palpable, Bajo la Misma Estrella escapa a la manipulación y se gana la angustia en su historia con buenas alternativas y aún mejores intenciones. La gratitud que consigue regalarnos proviene de un lado sincero; y con cierto aprecio por todos sus personajes, su visión de la vida, la muerte y el infinito en el medio, es entrañable. Siendo, para un romance trágico como éste, todo lo que soy capaz de pedir.

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