14 de abril de 2014

CRÍTICA | RIO 2 (2014)

Tres es el número que debería llevar "Rio 2" en su título, otorgándole algo de ingenio a su planeada ecuación. Tras el film de 2011, Blue Sly Studios y Carlos Sandanha tomaron tres años para diseñar la secuela perfecta, incluyendo personajes viejos y nuevos, y todo tipo de argumentos en nuevos escenarios. Con los números más que calibrados, el éxito de esta nueva animación fue asegurado, y con ello, este se vuelve el ejercicio animado más vago, aburrido y sin rumbo que soy capaz de recordar. Asegurada la mediocridad, Sandanha va más lejos y refleja indiferencia. Una vez más, si el responsable no tiene interés, ¿Por qué debería tenerlo yo?

Cuatro o cinco secuencias intrascendentes luego de su introducción, donde los gags son el único distractor, nos reunimos con Blu y Perla, el par de guacamayos azules, quienes han formado una familia durante nuestra ausencia en la ciudad de Rio de Janeiro. Viviendo como mascotas y disfrutando de la vida humana, Perla siente la necesidad de reconectarse con sus instintos al saber que ella y su familia no son los últimos guacamayos azules. Acostumbrado a ser mascota, Blu no es partidario de seguir dichos instintos, pero aun así, toda su familia parte en busca del Amazonas, donde podrían reconectar con la naturaleza y su especie.

Con el diminuto concepto explicado más arriba, "Rio 2" no hace más que comenzar, introduciendo media docena de argumentos adicionales, asegurándose de que todos sus personajes forzados tengan un propósito y de que no haya suficiente tiempo para centrarse en cada uno. Esta secuela sufre con el más básico de los conflictos en cuanto a continuaciones. Errores que creí haber visto desaparecer, o al menos pulir, con los intentos fallidos por recuperar la magia. “Rio 2” es la prueba de que no existe la razón o el material para realizar otra aventura de color y musicalidad en la ciudad brasilera.

Queriéndome ahorrar cualquier comentario relacionado con el clásico “Es para niños”, recuerdo haber disfrutado “Rio” durante su paso por los cines. Aprovechando su ritmo y un variado set de personajes, la aventura de Blu contaba con humor y colores característicos, haciéndola lo suficiente única dentro del reino animado. Rio de Janeiro era el alma y la razón de ser de la cinta, y todo eso vuela lo más lejos posible en el Amazonas, donde cualquier tipo de alma o sentimiento ha sido borrado. No necesito humor o referencias adultas, necesito argumento, desarrollo y un par de personajes con propósitos. Necesito algo, y esta secuela no ofrece absolutamente nada.

Es indudable que el mayor encanto introducido por “Rio” fueron sus colores y momentos musicales. Esa paleta de tonos ha desaparecido. El arcoíris que vivía en la ciudad de Rio es suplantado por el monótono verde de lo salvaje y en lo que concierne al ritmo, lo único importante para ciertos personajes, el mismo es decepcionante. A no ser por una corta secuencia inicial en la que la música es genuina, las canciones se vuelven poco memorables al punto en que el villano principal debe recurrir a una parodia de “I Will Survive”, de Gloria Gaynor, para sumar un momento musical.

Es una necesidad mencionar a la legión de villanos que “Rio 2” trae consigo. Contemos: el regreso del némesis de Blu, Nigel (O Pepillo como lo llama nuestro doblaje), su pandilla formada por una rana venenosa y un oso hormiguero, y por último, lo mejor, una grupo de taladores sin motivos que casi disfrutan detrayendo los bosques del Amazonas. Estos últimos disparan otra extensa serie de argumentos intrascendentes, en los que el mensaje ambientalista es tratado entre hilos, como una obligación más que un deseo.

Con la cantidad de tramas que baraja la película hay una o dos que podrían extenderse y cargar con los duros 90 minutos, pero nadie se decide por una sola ruta, convirtiendo su versión de “La Familia de mi Novia”, que podría haber funcionado, en un par de escenas asiladas una de otra. De cualquier manera, lo mejor del asunto llega con un argumento acerca de la lucha de territorios en el bosque. El mismo, entre otros anexos, introduce el más patético de los segmentos, en el que nos topamos con un partido de futbol entre aves. Si no sonora tonto de por sí, no hay segundo en el que dude de la relación entre la existencia de esta escena y el simple hecho de que el film llega en épocas donde el mundial de futbol tomara lugar en Brasil. Como dije, calculado. Hacer que cada quien tenga algo con lo que convencerse, y lograr que el producto se vuelve desordenado e insoportable.

Preferiría no sumergirme en los momentos humorísticos cuestionables o la escasez de los mismos en general. Pero bueno, el diseño del oso hormiguero es simpático, y ver que es el único personaje mudo es demasiado reconfortante para el bien de la cinta. Es un personaje completo al menos, y entre ver al mismo manteniendo la boca cerrada o a la cacatúa malévola, quien se autoproclama un amante de Shakespeare, rapeando, prefiero algo que no traicione el simple cimiento del personaje.

Estoy convencido de que el director, Carlos Sandanha, no encuentra entusiasmo o interés en crear secuelas a sus, más que competentes, trabajos originales. No pretendo referirme al decline de “La Era de Hielo”, ya que este caso es más decepcionante y perezoso. La animación es hermosa, pero eso ya es un hecho en el cine moderno, por ello, el color, los ritmos, y la falta de trama son imperdonables. Ya no se trata de cine animado o infantil, esto le concierne a cualquier intento de secuela, y este no es solo un caso apurado, es uno vergonzoso.

Durante un año que nos ha ofrecido “Lego: La Película”, “Rio 2” es inaceptable.

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