24 de abril de 2014

CRÍTICA | OPERACIÓN MONUMENTO (2014)

Bill Murray, George Clooney y Bob Balaban en Operación Monumento
Debió ser una señal cuando “Monuments Men”, dirigida, escrita y protagonizada por George Clooney, fue atrasada para estrenarse a comienzos del 2014. Reservando un lugar entre las mayores decepciones del año, el potencial que reúne el líder de este proyecto es un desperdicio mayor, al saber que la mitad de sus conflictos podrían solucionarse. El resto, bueno, probablemente aun dejaría que desear.

Señalando como mayor potencial su concepto, “Operación Monumento” es una cinta bélica poco convencional, interesada en los efectos culturales de una guerra y no en sus batallas. Adhiriendo a la tiranía de Adolf Hitler, resulta que el dictador planeaba crear un museo que expusiera las obras de arte más gloriosas de la historia. Por supuesto, esas obras debieron ser robadas de sus respectivos hogares, y antes de sufrir los daños colaterales de la guerra, también debieron ser recuperadas. Ahí entra Frank Stokes (Clooney), un miembro del ejército estadounidense experto en arte. Stokes reúne un grupo formado por artistas, restauradores y arquitectos, para recuperar esas obras.

Los Hombres del Monumento, como se hacen llamar, resultan ser Matt Damon, Bill Murray, John Goodman Jean Dujardin, Bob Balaban y Hugh Bonneville. ¿Cómo podríamos equivocarnos con un reparto tan genial? Bueno, es sencillo, no lo hacemos. El carisma y química de todos ellos es absoluto para lo que Clooney intenta crear, y entre sonrisa y sonrisa, uno se cuestiona, ¿Qué es lo que intenta?

Los jugadores están ahí, pero “Operación Monumento” los utiliza para un hibrido entre el drama, la comedia y lo bélico, y como cualquiera imaginaria, el resultado simplemente no funciona. Sé que Clooney disfruta el género de las comedias excéntricas o curiosas; lo ha demostrado protagonizando un par junto a los Hermanos Coen (“El Amor Cuesta Caro” y “Quemar Despues de Leer”) y dirigiendo la suya, “Leatherheads”. En cualquier caso, esta última cargaba con las herramientas para levantar ese raro género, lamentablemente, incluso con un par de lecciones de los maestros, el director no pudo con aquella tarea. Así es que a medida que lo intenta con una cinta de la Segunda Guerra Mundial, el objetivo se ve algo más comprometido entre muertes dramáticas, melancolía y memorias de contienda.

Claramente no puedo hacer referencia a que algunos conceptos no pueden formar parte de una sola categoría, pero a la vista está que el cansado guion de Clooney y su fiel co-guionista, Grant Heslov está inundado de sensibilidades incompletas. Salteándonos de trama en trama con distintos grupos de protagonistas, uno sabe que vera sutil comedia entre Murray y Balaban, una tensión romántica y dramática entre Damon y Cate Blanchett (Quien debe creer estar en otra película) y ciertas sonrisas y melancolías mientras Clooney salva el día con su narración. A su vez, con todas esas diferencias, uno logra ver el verdadero problema que tendría agobiado a aquellos que pospusieron la cinta, y es que su argumento no es ni medianamente tan fascinante como suena.

Lo deje claro arriba, sus motivos son nobles y claramente originales en la creación de un film acerca de la época en cuestión, pero no solo acabamos con el deseo de editar sus densos 110 minutos, sino que seriamos capaces de reducirlos a unos 80. Con su debido respeto, la película utiliza su tiempo en vano intercambiando el avance de su historia por pequeñas escenas de sonrisas cálidas. No es como si decidiera reemplazar la narrativa, es solo que la misma no tiene a donde ir por momentos, fabricando un objetivo de muy poco sabor para culminar esta misión. En lo que a mi concierne, ha quedado demostrado que las licencias poéticas suelen ayudar en estos casos, pero incluso contando esa sutil comedia, el film nunca parece aprovechar ese permiso para enriquecer los hechos.

La meta de preservar la historia y no dejar que los ideales de alguien más la destruyan es extremadamente respetable, y con todos sus tropiezos, puedo admitir que el director consigue cerrar dicho fin. Lejos de una lagrima, el final si resulta entrañable, por más que no se lo gane. Una vez más, el solo concepto acaba defendiendo este intento fallido, el cual, gracias a esa seguridad y potencial, consigue un posible disfrute desde el sillón de nuestra casa. En donde un inevitable cerrar de ojos puede ser respondido con un simple rebobinado.

Después del impresionante acierto que resulto su thriller político, “Secretos de Estado”, “Operación Monumento” no es más que una decepción para el talentoso curriculum de George Clooney. Un proyecto que promete por cualquiera de sus ángulos, pero no hace nada con ninguno de ellos. Es cierto, existen unas cuantas secuencias memorables aquí y allá, pero no es sencillo disfrutarlas cuando uno siente la necesidad de recortar todo lo que las rodea. Si formara parte del séptimo arte robado, creo que no valdría la pena hacer demasiados esfuerzos por recuperarla.

2 comentarios:

  1. La vi hace poco, por suerte mi novio la encontró en internet y no pagamos entrada para verla porque fue una desilusión. Con el elenco y el tema que tocaban podría haber estado mucho mejor.
    Otra cosa que me re emboló fue la propaganda pro-yankee exagerada, ellos siempre eran los cool, lindos, winners, con George Clooney sonriendo de fondo con sus dientes muy blancos.
    Y al final, que fue el momento más too much de todos...cuando les dejaron ALGO a los rusos que iban a llevarse las obras de arte en la última mina, la bandera yankee ahí colgada con música emotiva de fondo.
    Está todo bien con el nacionalismo pero parecía una película infantil.

    P.D: Soy Lourdes, no sé si esto firma de mi facebook o qué.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jaja, si se ve tu nombre. Me había olvidado de eso de la bandera, fue demasiado lejos entre sonrisas, música y miradas al cielo. Demasiado...

      Eliminar