3 de abril de 2014

CRÍTICA | NOÉ (2014)

Russell Crowe en Noé
En sí misma la tarea de alterar, aunque sea gradualmente, los pasajes de la Biblia conlleva cierta responsabilidad, preparándose para sentir la ira y protesta por parte de aquellos que solo aceptaran una adaptación de la misma, al pie de la letra. En tal caso, un director como Darren Aronofsky, tan valiente y convencido de sus ideas, sería la persona ideal para el desafío. La pregunta sería: ¿Alguien se atrevería a poner a prueba dicha apuesta y exponerse a una posible controversia? Bueno, el film ya ha inundado los cines, y responde con méritos a dicha pregunta.

Con un masivo presupuesto, el más alto con el que Aronofsky ha contado, “Noé” disfraza como épica superproducción una ambiciosa reflexión sobre el origen y futuro de la raza humana. Balanceándolo todo desde el punto bíblico y científico al mismo tiempo, este film, dirigido por un reconocido ateo, es todo menos cobarde, jugando cientos de cartas en un terreno de por si complejo. Lanzando elementos fantásticos, épicos y oscuros, la reconocida Arca esconde algo inmortal: Un definitivo discurso sobre la fragilidad humana.

Aun incluyendo los básicos de “El Arca de Noé” en el libro de Génesis, este relato de los hechos pone mucho de su parte para hacerse con la historia del diluvio. Reconociendo el riesgo del material, Paramount ha hecho todo lo posible para esconder todos sus argumentos más delicados, y me es muy difícil hacer lo mismo, obligado revelar la aparición de gigantes de roca, ángeles caídos y un sabor épico-fantástico típico de “El Señor de los Anillos”. Comenzando con un prólogo en el que nos topamos con los primeros seres humanos, la cinta desciende hasta la llegada de Noé (Russell Crowe), el único hombre libre de pecado en la Tierra. Como tal, El Creador interviene en sus sueños y le encomienda una misión ante un inminente apocalipsis que carga la muerte por agua. Siendo tan destructivo, el pecado del hombre invita la aniquilación de la raza humana, y Noé se vuelve el responsable de comenzar un nuevo mundo. Reuniendo a los animales, los inocentes genuinos de nuestro planeta, Noé comienza la ardua construcción junto a su familia, del arca que llevara a estas almas puras a la salvación.

Decidido a centrarme en ambición, aun me siento obligado a mencionar lo satisfactorio que resulta su valor épico, esperable durante 180 minutos en las manos de alguien más. Sean eventos fantásticos o combates en medio de un monstruoso diluvio, la esperable superproducción está contenida en un panorama mucho más que aceptable. Donde incluso acierta con su apurado 3D, resultando decente y lejos de ser un estorbo. Esos valores técnicos, apuntados al espectador en busca del film convencional, abundan en su primer par de tercios. De tal manera, Aronofsky demuestra que tiene una mano cuidadosa incluso tratándose de una escena catástrofe, regalándole a la misma una considerable sensación de peligro.

Sobre el peligro o las apuestas altas, creo que la embarcación del arca frente al diluvio universal no es ninguna sorpresa en medio de la historia. Sin embargo, siento la obligación de mencionarlo al tener mucho más que masticar dentro de la gigantesca embarcación. Si bien juega con miles de curiosas ideas en sus iniciales 90 minutos, los otros 45 ponen la sorpresa sobre la mesa, al explotar dichos pensamientos. Se trata estrictamente de dramas humanos, tan bien concebidos que el melodrama no consigue entrar en escena. Los mismos se vuelven considerablemente poderosos, y el ser devoto de Dios se hace un acto cada vez más sombrío, a un punto donde el solo concepto de Noé y el arca, resulta insostenible.

Jennifer Connelly y Russell Crowe en Noé
Si bien seria controversial por su cuenta, Aronofsky eleva el material a una zona problemática en cuanto al rigor bíblico. Introducir realidad a la establecida fantasia. Eso propone el director y guionista mientras desfila los horrores que el hombre es capaz de cometer, sea por supervivencia, ordenes o poder. Siendo una historia alterada, seria sencillo quitarle la relación con Génesis, pero no es casualidad que veamos tantos elementos bíblicos como ateos, presentando la historia de Adán y Eva en un marco que reconoce la presencia de la evolución. Esto acaba desafíando a todos sus espectadores, sin importar que religión o pensamiento arrastremos. Una vez que llenamos las butacas, todos tenemos el modo de conectar.

Haciendo lo suyo para enfrentarse a lo que representa la biblia, el concepto de salvación se hace demasiado delicado a medida que avanzamos por este poderoso viaje. En sí misma, la salvación sería imposible. El hombre es una criatura demasiado inestable como para coexistir con la armonía del mundo. El caos es, y probablemente siempre sea, un hecho en nuestra existencia, y “El Creador”, como se lo denomina en vez de Dios, quizá haya ido muy lejos al crear lo que supone ser su obra maestra. Esto desata todavía más incógnitas sobre nuestro origen, no preguntando que o quien ha sido responsable del mismo, sino cuestionando las buenas intenciones y el poder por parte del responsable.

Diseñada a base de efectos visuales, la película pone mucho empeño para representar sus hechos, se trate de la evolución, el diluvio o los gigantes de piedra. No todo está completamente detallado, pero hay un encanto visual original que acompaña al film. Sufriendo diversos transcursos tiempo, Aronofsky y su cotidiano director de fotografía, Matthew Libatique, utilizan recursos imprevistos para comunicar estos eventos, empezando por eliminar cualquier subtitulo que describan el tiempo pasado. Sea stop-motion o algunos encuadres con el planeta Tierra al completo, al menos se responde a la necesidad de emular los sentimientos de una superproducción.

Tener pasajes y elementos de la biblia no quiere decir que los mismos estén interpretados de forma tradicional, resultando en un film de escasos valores positivos, y más devastador o provocador en pensamientos. La paloma de la paz, el arcoíris, ambos siguen intactos, pero francamente parece más una tapadera de lo que pretende Aronofsky. El mayor inconveniente se ve en las comunicaciones del Creador con Noé, dejándole el propósito de su tarea a interpretación. No se trata de palabras, sino de sueños, y con dicho medio de comunicación, los mensajes son ambiguos. Como resultado, el peso de la tarea divina se hace más fuerte, sabiendo que las decisiones de Noé serán las más importantes de la raza humana. Ese es el precio de crear un nuevo mundo, sufrir mientras los demás perecen, meditar cuidadosamente las palabras de ese ser superior.

Esa entidad divina se hace dueña de toda creación, y ese proceso es sumamente emocionante a medida que queda impregnado en pantalla. Pero uniendo pasado y presente, esa sola secuencia acaba de establecer una de las intenciones en este trabajo, apuntado en una dirección completamente distinta. Está escrito en la ferocidad de Crowe, Dios entrega la posibilidad de vivir en paz, pero nosotros somos incapaces de garantizar tal estado. Somos creaciones imperfectas, y al tanto de su omnipotencia, El Creador no parece satisfecho. ¿Qué dice eso de él? ¿Qué dice eso de nosotros?

He visto como han catalogado a “Noah” de metáfora ambientalista y de absoluto despropósito, pero es un cine demasiado discutible. Como tal, yo asumo que todo vuelve a la fragilidad humana, un concepto que existe dentro y fuera de la religión. Ésta nos convierte en héroes y villanos, nos lleva a cometer actos bondadosos o deleznables, y como centro en el relato, se traduce perfectamente a nuestro tiempo. Sin importar que tanto lo intentemos, hemos sido y seremos destructivos. Con o sin arcoíris en el cielo, la raza humana ya ha elegido su camino.

2 comentarios:

  1. Seba, gran trabajo como siempre pero me parece que fuiste muy generoso con la puntuación...la película no está mal pero en lo personal, en las 2 horas 20 minutos que dura, no me pudo meter dentro de la misma. Pasable sin dudas. Buena para un fin de semana.

    Abrazo.

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    1. Esta es una película donde no puedo discutir este tipo de comentario realmente ya que, como dije arriba, si bien me resulta sumamente interesante tiene un efecto muy distinto en cada espectador. He escuchado todo tipo de opinión acerca de ésta.

      Gracias por el comentario.

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