9 de abril de 2014

CRÍTICA | LAS BRUJAS (2013)

Hugo Silva, Carolina Bang y Mario Casas en Las Brujas de Zugarramurdi
Por tan valiente o excéntrico que pueda resultar Alex de la Iglesia, es indudable que algunos de sus trabajos han sufrido de inconsistencias en cuanto a intenciones. Tanta es su astucia para crear este tipo de cine, que ese mismo balance entre aciertos y errores se vuelve disfrutable, caso que sufre su más reciente esfuerzo entre lo macabro y lo cómico, “Las Brujas de Zugarramurdi”, obviamente retitulada como “Las Brujas” para nuestro país.

Su debut, “Acción Mutante” y su indiscutible clásico, “El Día de la Bestia” le permitieron ser el autor de películas particularmente cuestionables, sean buenas o malas. Por ello jugando con un set de sensibilidades acostumbradas, De la Iglesia es capaz de regalarnos dos lados de una misma moneda. El primero, la tétrica comedia negra de 2010, “Balada Triste de Trompeta”, el segundo, la comedia de terror que presenta ahora. ¿Por qué opuestos? Porque perfectamente podrían intercambiar tonos. Demostrando que el director español juega mejor con su comedia sutil o poco ortodoxa, dado que “Las Brujas” se ve y se siente como un completo descontrol. Pueden sacar sus propias conclusiones de eso último…

Comenzando de la forma más brusca posible, la cinta nos golpea con brujería y una secuencia de créditos efectiva, vendiendo magia, humor y profecías en un solo paquete. No plantea respiro al soltarnos en la Puerta del Sol, en Madrid. Ya que es en la famosa plaza donde presenciamos un asalto tan tonto que resulta ingenioso, a una joyería en la que nos topamos con nuestros antihéroes, José (Hugo Silva), el pequeño Sergio (Gabriel Delgado), Tony (Mario Casas) y Manuel (Jaime Ordóñez). Entre sus torpes dramas, antes de poder huir del país con el botín, los cuatro deben cruzar Zugarramurdi, un pueblo fronterizo con Francia. Reconocido por su pasado con la brujería, la curiosa aldea no es tomada a la ligera por el excéntrico grupo de prófugos. Pero aun así, su camino y el de aquellos siguiéndolos, los llevan a las garras del malévolo clan del título, posponiendo notablemente sus planes para empezar de nuevo.

Fácilmente catalogada como comedia de terror, la cinta exagera más aun en sus territorios macabros. Aproximándose a los 120 minutos, ésta no se percata de los frenos, golpeando con comedia que vine y que va, y que funciona y que perece. A la vista está que no choca con distintos sentidos del humor, sino que con un género definido, no existe la duda ante un “¿Debería reírme?”. Donde “Balada Triste de Trompeta” propone dicha cuestión entre momentos de extrañas y oscuras situaciones, “Las Brujas” nunca esconde su sonrisa burlona entre rituales macabros, dosis de violencia, o simples rarezas. Por momentos, simplemente no es tan graciosa como cree, o al menos intenta.

Más fuerte que los diálogos de Alex de la Iglesia y su habitual colaborador, Jorge Guerricaechevarria, el excelente elenco eleva considerablemente el material. Acudiendo al llamado del director, la película reúne cameos esperables y pone al frente a protagonistas muy capaces de hacerse con la historia. Silva, Casas y Ordóñez encuentran el carisma en personajes de cuestionable moral, y verlos medianamente asustados resulta algo hilarante, a medida que nos topamos con sus supuestamente agobiantes historias de vida.

Como villanas, cualquiera de las brujas es memorable, más aun cuando dos de ellas resultan ser Santiago Segura y Carlos Areces. Aunque, es imposible olvidar a la ya proclamada musa de Alex de la Iglesia, Carolina Bang, siendo una de las más disfrutables en el reparto. Interpretando a Eva, quien se debate entre tener una vida normal o seguir las costumbres de su maléfica comunidad, su actitud funciona exageradamente bien, a medida que pone a los protagonistas en contra a base de seducciones, o solo se la ve divirtiéndose mientras realiza tétricos actos.

Cualquier duda sobre su humor, es suprimida con la naturaleza de su desorbitado climax, donde los agregados digitales llegan en condiciones admirables pero fuera de lugar. Despistando con su inicio y manteniendo las formas el resto del tiempo, el film gana una escala innecesaria en su último acto, en el que el balance es aplastado mientras las carcajadas aún están permitidas. Perdiéndose en sus ambiciones, incluso yo podría plantearme otra visita a Zugarramurdi, pero conociendo a De la Iglesia, sabiendo que deberá elevarse a sí mismo luego de multitudes y un descontrol digital, ese segundo paseo no suena demasiado tentador.

Conseguimos toparnos con diálogos en contra de las mujeres, orquestados por los mismos protagonistas, por supuesto. Ya sea por medio de chistes, o de que ninguno se sorprenda ante los horrores cometidos por una comunidad completamente feminista, De la Iglesia consigue introducir algo de tosca sátira en estos personajes; y en la situación en la que los pone. Un plus ideal, sabiendo que la exageración de su concepto es expuesta y nunca deja la pantalla, reconociendo el descontrol y la inconstancia. Conceptos posiblemente cotidianos para el director, pero aun así entretenidos.

1 comentario:

  1. comparto totalmente lo de que la caro bang es una de las mas disfrutables, desde que vi Balada Triste de Trompeta que me la quiero garchar.

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