16 de marzo de 2014

CRÍTICA | NEED FOR SPEED: LA PELÍCULA (2014)

Aaron Paul en Need for Speed
Sin importar que tan veloces sean los autos de lujo en las carreteras de “Need For Speed” no hay forma de esquivar el único hecho detrás de esta adaptación de videojuego. Es extremadamente estúpida y bastante mediocre. Dicho eso, yo no puedo evitar el hecho de distraerme por nada menos que 130 minutos. La maldición de los videojuegos y el cine sigue vivía, pero digamos que en comparación con todos esas tediosas adaptaciones, este infantil ejercicio de tonos confusos es aceptable, al menos mientras el acelerador este pisado hasta el fondo.

Realmente no creo tener un gigantesco conflicto con el hilo argumental que es presentado en este set de carreras y persecuciones. Básicamente, la ingenuidad esta en los detalles, y es eso mismo lo que nos regala una serie de palmadas en la frente, mientras su fachada de venganza pretende distraernos. Introduciendo ese básico concepto, conozcamos a nuestro criminal/héroe de turno, Tobey Marshall (Aaron Paul). Mecánico por el día y corredor clandestino por la noche, Tobey debe cumplir con ciertos impagos o podría perder su taller. A falta de solución, él acepta la oferta de Dino (Dominic Cooper), su exitoso rival y también corredor. La oferta de Dino consiste en arreglar un legendario auto para ponerlo en venta, pero al unir fuerzas, su rivalidad vuelve a despertar, al intentar decidir quién es el mejor detrás del volante.

El reto consiste en una carrera de autopista con vehículos extremadamente raros y veloces, aunque Dino y Tobey no son los únicos participantes al ver a Pete (Harrison Gilbertson), un joven amigo de Tobey, corriendo junto a ambos. Unos cuantos choques y delitos después, la frustración y orgullo de Dino provocan un choque que le cuesta la vida a Pete. Tobey pierde todo tras ese incidente a pocos metros de la meta. Llorar la muerte de su amigo, perder su querido taller y tener que pasar un par de años en prisión por diversos crímenes, le dan un objetivo claro: venganza. Una que obviamente involucrara más aceleradores al límite, una carrera clandestina y cientos de patrullas en su retrovisor.

Se titula “Need for Speed”, por lo que no es justo esperar algo más que autos verdaderamente espectaculares volando por los aires y chocando contra todo tipo de obstáculos. Así es que, comenzando en una nota positiva, esta adaptación nos regala ese despliegue de velocidad que debería tener, a base de muchos efectos prácticos y pocos digitales. Esto no es creer que veremos acrobacias poco arriesgadas o cámaras sin atrevimiento. La cinta entiende que sentir la velocidad trata sobre ponernos dentro de ella literalmente, dividiendo sus planos entre los esperables vistazos alejados y el movimiento de una cámara dentro de, o entre dos autos demasiado rápidos.

Es buena acción, no podemos negarlo, mas acreditado a confiar en lo tradicional y olvidar las mejores tecnologías que otra cosa, pero completan el objetivo. Trasladar la velocidad de ese videojuego se muestra posible y fuera de los desastrosos conceptos que introduciré a continuación, la meta de adaptar unas cuantas carreras sin argumento es lograda. Ahora, sus condiciones, esas son algo tramposas.

Aquello por lo que vemos correr a estos criminales, porque no podemos llamarlos de otra forma, al provocar accidentes y ocasionar una o dos muertes fuera de cámara, nunca nos involucra. Sea por lo que se corre o por una estupidez ajena o no a la escena de acción, es difícil conectar con cualquiera de esas seis o siete secuencias. Si, al menos nos queda apreciar lo vertiginosas que son, pero en una constante decepción cada vez que se logra hacer algo competente, las tonterías arruinan la experiencia.

Aaron Paul y Dominic Cooper en Need For Speed

Rápidamente los arruina, pero hay conceptos prometedores en “Need For Speed”, solo justificables al tipo de película que pretende ser. Para tratarse de un frenesí de aceleradores y neumáticos gastados, hay intención de inyectar momentos de seriedad. Si lo afrontamos, el tono se encuentra desparramado por dos vértices opuestos, entre humor demasiado fallido y drama que en ocasiones funciona. De haberse inclinado por uno, podría estar dudando un poco más, pero ver a un personaje caminando desnudo en busca de risas acaba por deprimirme.

Pensando en lo positivo, su conclusión consigue responder de forma dramática, combinando el trozo mejor editado de la cinta (Por fuera de las carreras) con un final esperable pero al menos responsable. Lógicamente, me refiero a las escenas anteriores a ese obvio giño final. Ese es el conflicto, se atreve a probar algo más por minúsculos momentos y se traiciona más rápido de que podamos abrir la boca para elogiarlos.

Parte de lo que respeto podría relacionarse con la comparación de “Rápido y Furioso”. En ella, incluso si desafían la gravedad, siempre se luce una advertencia sobre el peligro y la irresponsabilidad de manejar temerariamente. “Need For Speed” no tiene ese tipo de anuncio. Puede caber la posibilidad de que no quisieran imitar o que lo hayan olvidado, pero la cinta aún se ve a salvo, enseñando un par de consecuencias ante los peligros de todas estas escenas. Si bien es a un nivel bajo, teniendo en cuenta todo lo que ocurre, tener consecuencias reales es más de lo que esperaría.

Parte de mi interés era el foco sobre un elenco de promesas, con el protagonismo de Aaron Paul, recién salido de “Breaking Bad”, Dominic Cooper e Imogen Poots. Todos actores reconocibles pero sin la posibilidad de encabezar un cinta de este calibre. Los tres ponen de sí y trabajan con material muerto desde los primeros diálogos, y si bien no consiguen mucho, al menos lo intentan, especialmente Paul y Poots. El primero actuando más de lo que esto se amerita, y la segunda utilizando su notable carisma para soportar diversas escenas. Sobre Cooper, su villano es de una sola nota, y sé que es capaz de mucho más.

Casi olvidándolo a medida que la cinta introducía su título, recordemos que Michael Keaton también hace presencia, sentándose en una silla y exagerando frente a una cámara web. Su personaje, cómicamente llamando “Monarca”, tiene como objetivo darnos algo de exposición, organizar la máxima de las carreras clandestinas y dar una actuación tan tonta que acaba por ser disfrutable. Todo lo contrario ocurre con los compañeros de Tobey, quienes, a diferencia de Aaron Paul, no ofrecen ni una pizca de carisma, o humor, que es para lo que son introducidos. No hay más que ver el atroz trabajo de Harrison Gilbertson en esos primeros 20 minutos como para imaginar el resto.

No puedo culpar a su director por un guion repleto de cómicos baches, pero Scott Waugh esta acá para filmar autos acelerando y estrellándose. Esto hace que su interés por el toque humano se vea eclipsado, al verlo más pendiente por como destrozara el siguiente auto contra una colina que por los ridículos diálogos arruinando continuas escenas.

Supongo que estoy acostumbrado a ver estupidez desparramada por el cine taquillero moderno, y ya no me afecta de la misma manera si soy capaz de pasar un rato entre vertiginosos escenas. Esas seis o siete secuencias de acción funcionan, son muy disfrutables, mientras que todo lo demás persiste en ser mediocre. Si bien puedo pasarla bien de copiloto en este desenfreno automovilístico, chocar continuamente no es precisamente mi ideal de entretenimiento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario