8 de febrero de 2014

CRÍTICA | PHILOMENA (2013)

Judi Dench y Steve Coogan en Philomena

Supongo que son las emociones en la cara de Judi Dench y Steve Coogan las que venden el encanto de “Philomena”. No solo es que la historia de su protagonista sea clasificable como algo de interés humano, sino que el camino para descifrar la misma también lo es. La elegancia, el humor y la suma de un latente conflicto se prestan para calificar como tal, creando algo disfrutable y accesible para cualquiera.

Luego de ser despedido como corresponsal en la BBC, Martin Sixsmith (Coogan) se enfrenta a la búsqueda de otros horizontes dentro de rangos más amigables, tras la pista en concreto de una historia de “interés humano”. De pura casualidad, Sixmith se topa con la palabra de Philomena Lee (Dench) acerca del hijo que tuvo en su juventud. Bajo la mirada de sus tutoras católicas, Lee perdió la pista de su pequeño, y décadas más tarde, con una vida rehecha, su pasado aun la atormenta. Siendo Martin la única persona que podría asistirla, ambos comienzan la búsqueda de ese hijo perdido, haciendo que esta curiosa pareja empiece a entenderse mejor, una pista a la vez.

Con su algo inesperada nominación al Oscar, “Philomena” es la ficha agradable en ese grupo de nueve donde el elemento triste o dramático nunca eclipsa a su inspirador viaje. Junto a dos personajes muy distintos y agradables, el encanto aun yace en ver un genuino entusiasmo en todos los involucrados. Desde la gran actuación de Judi Dench al interés de Coogan, quien se ve más comprometido que nunca como co-guionista de la cinta.

Si analizamos el guion de Coogan y Jeff Pope, debe ser uno de los más inofensivos y de buen humor de la temporada. La historia de “Philomena” baraja el uso de comedia, drama y el poder de dejarnos un positivo sabor una vez que su búsqueda concluye. Esto no es decir que todo se trate de reencuentros y chistes livianos. En su centro, el film trata un tema muy delicado en el que involucra bastante al espectador. Con un grupo de monjas poniendo en adopción al hijo de nuestra protagonista, éstas son escritas casi como villanas, pero más que guardarles rencor, la cinta cuestiona el cristianismo desde este inesperado punto. Así adherimos un extra a un relato muy simple que funciona gracias a ese tipo de detalle, aprovechando las múltiples partes de lo que es, en sí, un misterio.

Recorriendo distintos escenarios, ambos protagonistas se vuelven más simpáticos con cada escena, entre ellos y con el espectador. Si bien se trata de acostumbrarnos a sus personalidades, no es coincidencia que dejemos pasar sus pequeños defectos, retratándolos como personas cotidianas de mundos muy distintos. Es un pequeño y simpático choque de personalidades, y como tal, tanto las desgracias como las sorpresas llaman su atención. Esto une la inocencia de Philomena, la notable amargura de Martin y los corazones de ambos, mientras que cada uno gana algo del otro.

Si bien vemos a Coogan muy involucrado, nadie dudaría que el film le pertenece a Judi Dench al interpretar al personaje del título. El mismo es principalmente querible y admirable, pero aún hay enormes momentos dramáticos para que Dench se apodere del papel. Ya sea su inocencia o el duelo con el que carga y la forma en que lo afronta, Philomena, personaje y película, son capaces de hacernos sonreír, soltar alguna lagrima y mirar el resto del día con una actitud más positiva. Quizá eso no rompa barreras, pero un producto feel-good como éste demuestra requerir algo más que risas y paisajes, al verla tomarse algunos minutos para enseñarnos que el mundo suele ser gris. Pero que eso no nos desilusione, ya que nosotros, aun somos capaces de iluminarnos el uno al otro.

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