11 de febrero de 2014

CRÍTICA | LA LEYENDA DE HÉRCULES (2014)

Kellan Lutz en La Leyenda de Hércules
Me encantaría conocer qué tipo de secretos guarda el rodaje de la épica más reciente de Hollywood, “La Leyenda de Hércules”. Porque no hay incógnita en lo que va de este 2014 que se acerque a la de los 70 millones invertidos en este cine barato de televisión, que nunca muestra ni la más mínima pizca de interés. Estoy hablando de un film diseñado con ninguna inspiración, digna de pertenecer a los estantes de un videoclub, y que de nacer en dichos pasillos, sería capaz de perdonarla. Pero este vago producto se apodera de pantallas mundiales y pretende pasar desapercibido como clon de otras producciones superiores, teniendo la audacia de exponer su desinterés en pantalla.

Esta es la leyenda Hércules. ¿Cuál? Bueno, claramente hay bastantes hasta la fecha, y la cinta no pretende ser menos comenzando con su exposición de 10 minutos. Amphitryon (Scott Adkins), rey de Tiryns, conquista uno de sus reinos vecinos, quedándose con todo incluyendo la posesión de su esposa Alcmene (Roxanne McKee), quien no aguanta su presencia. En busca de una salida, la diosa Hera le encomienda una misión a Alcmene, cargar con el hijo de Zeus. Luego de presenciar una de las escenas sexuales más humorísticas, ella da a luz a Hércules bajo el nombre de Alcides. Amphitryon lo da de lado y durante una par de décadas Hércules (Kellan Lutz) vive bajo la sombra del rey y su hermanastro Iphicles (Liam Garrigan), relación que alcanza el fin cuando Amphitryon lo destierra junto a un ejército de camino a Egipto. Una vez ahí, Alcides (Como lo llaman la mayor parte del film) debe encontrar la forma de regresar a su hogar, salvar a su amada de las garras de su hermanastro, y detener el sinfín de maldades que Amphitryon tiene entre manos.

Una vez deslumbrados por su secuencia engañosa en la que vemos un 3D efectivo y buenos momentos visuales, “Hércules” se mete en el infierno cinemático al demostrar en su solo prologo todos los problemas que la acompañaran por los siguientes 90 minutos. Villanos sobreactuados, paisajes digitales, diseños obvios y el triste encanto de repetir incontables veces el slow-motion por el que “300” gano sus fama al introducirlo, y usarlo considerablemente menos.

En sí, la cinta toma prestadas ciertos tonos y parecidos de otros lugares abrazando la mencionada cinta de Zack Snyder y “Gladiador” como inspiraciones. Obviamente, no puedo pedir nada del cine de Ridley Scott con ésta pero cualquier esfuerzo dramático, y los hay, es pobre en todo sentido, desplegando un número inaceptable de sobreactuaciones, diálogos obvios y escenas en las que la tensión dramática significa gritar hasta escupir un pulmón.

Si nos atrevemos a analizar sus efectos visuales, diseño, vestuario y locaciones, uno no podría reprochárselos a una cinta que no tiene el presupuesto para proporcionar muchos de ellos. Pero, “La Leyenda de Hércules” no tiene excusa alguna al cargar con un presupuesto bastante más inflado que el de otras que se ven considerablemente mejor. La mayor parte del tiempo los sets son intercambiados por notables pantallas verdes y ver que una historia como esta enseñe un vestuario tan burdo y simple acaba rompiendo cualquier ilusión en pantalla. No es pedir demasiado, es solo un capricho que este cine necesita y que ha cumplido desde su mítico inicio. Un par de sábanas blancas y algunas armaduras básicas no son suficientes.

Afortunadamente, tras sufrir 30 minutos realmente infames, las cosas mejoran ya que no pueden empeorar. Introduciendo diversas escenas de acción para hacer las cosas más llevaderas, puedo admitir que hay peleas bien orquestadas, si bien son desperdiciadas por repetir el mismo truco: Acelerar, slow-motion, acelerar, slow-motion, y así, una y otra vez. Dicho eso, las batallas son lo más soportable en este melodrama griego, además de aquella persona que no merece estar ahí.

Como segundo al personaje de Hércules, Liam Mclntyre es Sotoris, un compañero de viaje para el protagonista. El pobre Mclntyre hace todo lo posible para hacer que los diálogos funcionen, su personaje es apoyarle y de alguna milagrosa manera, te molestaría verlo morir. El asunto se vuelve más triste con cada una de sus escenas al verlo, bueno, esforzándose. ¿Un polo opuesto a señalar? Bien, hay que ser justos, y Liam Garrigan encarna a la copia más gastada del Loki de Tom Hiddleston, como el hermanastro de Hércules. Su maldad es simple, mirar a la cámara siniestramente entre el llanto y el enojo, y es el que grita más, por lo que eso explica el resto…

Quizá invirtió su dinero en esa pobre conversión 3D o en colorear sus pantallas verdes con otros colores, pero “La Leyenda de Hércules” aún se acorrala con la mediocridad delante. Todo se ve más artificial de lo normal, las secuencias cómicas abundan y salvo por un par de combates ruidosos, es difícil esquivar el sueño. Merece morir en los coliseos que enseña, y por una vez, no me molestaría verla sangrar con el slow-motion que tanto disfruta.

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