10 de febrero de 2014

CRÍTICA | LA GRAN AVENTURA LEGO (2014)

Abordar una narrativa acerca de un producto para mejorar sus ventas es bastante patético, por no decir posiblemente catastrófico. Desde ahí, ser capaz de idear algo similar a un entretenimiento distractor de esta publicidad de 90 minutos seria milagroso. Una cosa es segura entonces, “The Lego Movie” no es ningún milagro, es una completa demostración de talento. Ese talento le pertenece a Phil Lord y Chris Miller, quienes toman toda pieza imaginable entre esos pequeños ladrillos y construyen la publicidad más efectiva de todas: Una que no lo es.

Sin mencionar la palabra clave en ese título ni una sola vez, si mal no lo recuerdo, saltamos al mundo Lego desde el mismo símbolo de Warner Bros. Mientras ajustamos nuestra vista a la maravillosa animación de estas piezas de plástico, la agilidad cobra vida lanzándonos en el medio de su argumento. El Señor Negocios planea controlar el mundo Lego haciéndose con el poder de “El Pegamento”, un arma imparable y prohibida, cuidada por el cliché de sabio hechicero, Vitruvius. Esta suerte de guardián le explica al Señor Negocios que por más que se lleve “El Pegamento” habrá un elegido que lo detendrá, y cumplirá con todo lo que una profecía suele explicar.

Aclarada esa predicción, nos toca conocer a Emmet, un hombrecito Lego más, lleno de energía, carisma y con el curioso destino de convertirse en el “elegido”. Nada lo distingue y nada lo detendrá a medida que descubre a un sinfín de personajes y secretos del mundo de plástico que habita. Por no mencionar además ciertos giros sobre las narraciones con profecías y la mera existencia de esta película. Se asegura de que no vuelvas a ver una pieza Lego de la misma forma.

“La Gran Aventura Lego” es una cinta animada de pronósticos fáciles acerca de su composición narrativa. Hemos visto este tipo de argumento antes, sabemos cómo culmina y son sus personajes y humor los que lo hacen disfrutable. Estos son sus dos primeros actos, antes de introducir el momento clave. Hablo de un final envidiable que no debe ser revelado pero si mencionado, al reconstruir el film desde cero, y cambiando algo solo humorístico y entretenido por algo con verdadero valor. No solo se trata de ingenio, que también, me refiero al uso de un mensaje poco común y de gran significado, importante para los niños que verán esta cinta y completamente melancólico para cualquier adulto en la audiencia.

¿Qué si se puede analizar sin arruinar esta experiencia? Bueno, es fácil de definir. Este es el cine animado más ágil, humorístico y cargado de Hollywood donde en todo momento hay cosas para deleitar la vista y en donde las risas son servidas de la mano de comedias muy distintas. Phil Lord y Chris Miller conocen de humor y animación, con “21 Jump Street” y “Lluvia de Hamburguesas” en su repertorio, y es sencillo ver un poco de ambas acá. Claramente no podemos esperar el nivel grosero que “21” trajo consigo, pero la comedia física y el sentido de locura están ahí con cientos de personajes actuando demasiado rápido y diferente. Ese es el tipo de demencia que demuestran, ambos guionistas y directores saben actuar rápido, no solo preparando algo en cada esquina, sino que llenando cada cuadro con algo que apreciar. Ya sea un chiste tonto, pequeñas animaciones en el fondo, o el solo cameo de una propiedad reconocible, siempre hay más que suficiente en pantalla.


Toda su agilidad también es acreditable al equipo de animadores que orquesta este viaje, al probar algo muy distinto, pero acorde con su producto. A primera vista es muy fácil confundir los movimientos de estos pequeños personajes con la técnica de stop-motion entre giros rápidos pero cortados donde pareciese que nos salteáramos varios fotogramas. Sea extraño o no, el caso es que funciona al permitirse jugar infinitamente con sus efectos y con los mismos Legos. Verán, este mundo está formado por ladrillitos y nada más. Cada estructura, cada personajes, cada animal, cada efecto, todo cobra forma de cubito de plástico en algún momento u otro. Y esto solo acaba sumando a la composición de sus escenas, ya que ver humos y explosiones diseñadas con Legos se gana su encanto.

Durante el camino tenemos el placer de toparnos con todo tipo de personajes, tanto prestados de otros universos como originales de esta historia. Si hablamos de protagonistas, Emmet es demasiado carismático para estar hecho de plástico, lo que dice bastante, mientras que el resto es un tanto variado como para ser catalogado. Sí, tenemos una buena heroína, un sabio bastante extraño en su simple diseño, un astronauta, y bueno, Batman. Ese es el tipo de caleidoscopio que encontramos en algo como esto, por no mencionar los otros cientos de personajes que acaparan la pantalla con sus pequeños momentos. Es más, ni siquiera hemos confirmado los rumores de “La Liga de la Justicia” y aun podemos ver a la Mujer Maravilla, Superman y Linterna Verde haciendo de las suyas en un solo lugar. Es demasiado divertido de ver.

Como dije antes, para ser una película acerca de un producto, sí que sabe cómo venderse abrazando este curioso mundo una vez que los créditos empiezan a rellenar la pantalla, por no detenerme demasiado en la pegajosa y cómica canción que los acompaña con “Everything is Awesome” (Todo es Increíble) de Tegan & Sara y The Lonely Island, sonando por detrás. Uno deja su butaca alegre y emocionado, ya que fue capaz de ver una animación con los elementos correctos, un producto que recuerda su propósito y se divierte explicándolo.

Técnicamente, “The Lego Movie” acaba siendo una tarde en la que Phil Lord y Chris Miller deciden abrir miles de sets de Lego y empiezan a jugar con ellos. Los personajes están ahí, las posibilidades son infinitas y hay demasiado entretenimiento para unos apretados 100 minutos. Al final del día, estas pequeñas piezas tienen ese mismo propósito, enfrentarse a sus infinitas posibilidades, tener la oportunidad de crear a nuestro gusto, no perder el principal juguete de cualquier niño: la imaginación.

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