13 de febrero de 2014

CRÍTICA | DALLAS BUYERS CLUB: EL CLUB DE LOS DESAHUCIADOS (2013)

Matthew McConaughey en Dallas Buyers Club
Si bien oirán todo acerca del increíble giro que Matthew McConaughey le dio a su cuerpo y a su carrera durante el último par de años, hay algo más importante que la pérdida de peso de este talentoso actor. Sin aparcarnos en su nominación al Oscar, aquello por lo que hizo ese esfuerzo valió infinitamente la pena, formando parte de “Dallas Buyers Club”, una memorable historia humana de inquebrantable espíritu y abrumadora realidad. Impulsada no solo por esa excelente interpretación, sino por una personalidad muy particular y delicada de poner en pantalla.

Conozcan a Ron Woodroof. Arriesgado, adicto, homófobo, Ron ha llevado su vida al límite, y como consecuencia, es diagnosticado con HIV Positivo. Según le informan, 30 días es todo lo que le queda, pero tal y como es él, no solo no cree en algo que pueda acabar con su existencia en un mes, sino que descarta la posibilidad de cargar con HIV, el cual inmediatamente asocia con la homosexualidad. Lamentablemente para él, a medida que los días corren, no tiene otra opción que aceptar su realidad, dejando bien claro una cosa, Ron Woodroof nunca dejaría este planeta sin pelear.

Corriendo durante 1985, en el amanecer del HIV y el SIDA, el encontrar un tratamiento correcto para ambos aún era una labor por concluir. Ciertamente siendo el hombre más osado para percatarse de esto, Ron olvida la medicina aprobada en Estados Unidos, y comienza a buscar una segunda opinión y otra salida. Pasando de ser un vaquero más a un traficante de medicamentos, Ron logra superar sus expectativas de vida y pretende sacarle provecho a su situación. Creando una red de compradores con síntomas similares, Ron diseña el negocio ideal y, aunque le cueste admitirlo, una forma de ayudar a quienes alguna vez empujo.

Con todas sus cualidades, no puedo esquivar el hecho de que McConaughey carga con un fuerte porcentaje de responsabilidad en este relato. Por más que la pérdida de peso llame la atención de muchos, su compleja personificación de Woodroof es fascinante más allá de ese factor. Es cierto, parte de su trabajo es físico, pero trata de carácter y esfuerzo mental, al verlo pasar por facetas en las que el actor es irreconocible gracias a su talento y no solo a su apariencia. Escena tras escena, McConaughey carga tranquilamente con el peso del film llegando a un punto a mitad de camino donde su transformación es tan efectiva que es difícil verlo sufrir y no caer en pena, incluso con lo desagradable que este personaje pueda llegar a ser.

“Dallas Buyers Club” aún es un film más importante que sus interpretaciones, sabiendo balacear lo que es una película de reparto y lo que es una historia real tratada con respeto e interés. Pudiendo caer en el solo trabajo de su elenco, Jean-Marc Vallée no nos defrauda en darnos algo con lo que acompañarlo, dejándole una importancia mayor a esta lucha. Sin olvidar los horrores de la enfermedad que desata, la película no siente la necesidad de golpearnos con el dolor de sus síntomas y prefiere reflejarse en las caras de quienes los poseen. Encontrando ese mismo dolor, pero también esa fuerza para no darse por vencido. Aspectos que no solo se ven en la cara de McConaughey, sino que pasan por el competente talento de Jennifer Garner y la magistral personificación de Jared Leto como Rayon, un transexual quien también posee el virus y ayuda a Ron en su negocio.

La edición es otro de sus fuertes, creando momentos en que la cinta se vuelve tanto ágil como rítmica, haciendo que unos fuertes 120 minutos se mueven con astucia y no solo desesperación. Esto también se vuelve acreditable al inteligente guion de Craig Borten y Melisa Wallack, quienes saben cómo inyectar una pizca de humor negro para evitar el rasposo pozo de tristeza que el film describe. Así conseguimos que Vallée decida impregnarnos con las sorpresas positivas que nos dan las personas, una vez que los créditos recorren la pantalla, entendiéndolo como una sabia elección al saber que no teme enseñarnos ambas posibilidades de esos asombros previos a este momento.

Cuando un actor cambia su cuerpo drásticamente no es para demostrar lo que puede hacer por un papel que lo amerite, sino la importancia que éste tiene para el mismo. McConaughey pone todo sobre la mesa con tal de encarnar a Woodroof, al tener claro que incluso con los caminos erróneos que tomo, su persona aun tendría un propósito más detrás de esa indiferencia y malos comportamientos. Al final de estos duros días, la curiosidad y el poder del hombre vuelven a tomar control de este cine de 2013. No debemos descartar ningún alma. Ésta aún podría luchar, aún podría significar algo, aun podría sorprendernos.

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