20 de febrero de 2014

CRÍTICA | AGOSTO (2013)

Julia Roberts, Meryl Streep y Julianne Nicholson en Agosto
Tristeza, ira, secretos. Esto define a la familia Weston, y en gran parte a “August: Osage County” al regalarnos dosis de este suero el 90% de las veces. No me malinterpreten, hay mucho interés en este realista y perturbador set de personas, entre las que sus peleas son casi tan grandes como sus misterios. Quizá nos enfrentemos ante ciertas dolorosas discusiones, pero saber que son disfrutables de cierta manera es lo que hace de este aislado drama algo valioso.

Basada en la obra teatral de Tracy Letts, la autora preparo un guion específico para presentar su obra maestra en la pantalla grande. De ese modo, aun obtenemos un drama incomunicado donde la familia Weston reúne a todos sus miembros tras la desaparición de un integrante clave. Llena de sufrimiento y vínculos rotos, esta reunión es una catástrofe al borde de la demencia, donde todo invitado espera su turno para pertenecer a una bronca, una queja o un llanto, y el momento les llega a todos…

Antes de analizar el guion que propone Letts para su adaptación, olvidemos las confusiones y llamemos a la cinta por lo que es: un juego de reparto. No hay “Agosto” sin la claridad de sus intérpretes, capaces de escupir sus diálogos con auténtica familiaridad entre ellos. La encargada, sin embargo, de guiar esas broncas, es la ya tramposa Meryl Streep como Violet. ¿Por qué tramposa? Bueno, digamos que competir con su calidad como actriz es irrelevante a este punto volviendo a comandar la pantalla en un producto donde cada parte del elenco gana sus momentos. Streep aun aplasta al resto.

Violet es el ojo de la tormenta para los Weston atormentada por cáncer de boca. Su adicción a los medicamentos pone a su casa patas arriba cuando la familia entra en escena. Sus tres hijas luchan con el huracán de emociones que les causa, y aun tiene suficiente energía para sembrar el conflicto entre el resto de sus invitados. Así nos adentramos en este ejemplo de familia en trizas, donde intentar juntar las piezas no es la mejor idea.

Las tres hijas de Violet cargan con el dolor de ver a su madre en estado delicado y aun aguantar sus indiferencias y comentarios penosos. A su vez, no cabe duda de que cada una de ellas lidia con ciertos problemas personales, reflejados en una infancia posiblemente tan dolorosa como su madurez. Entre Juliette Lewis, Julianne Nicholson y Julia Roberts, Roberts gana el segundo protagonismo teniendo que hacerle frente a Streep en broncas realmente fuertes y esencialmente humorísticas, a cierto grado.

Los dos aspectos que resaltan en el guion de Letts es el saber que intenta darle un par de matices extra a su reunión, donde no parece limitarse a seguir su obra parte por parte; al adherir algunas escenas fuera de la residencia Weston. Una en particular nos da una perfecta imagen de cómo estas personas se ven atadas a su familia y a su hogar, algo que dudo que pudiera interpretarse desde un escenario. A su vez, no creo que el mismo contuviera la cantidad de humor negro que esta adaptación comunica, lo que acaba estableciendo razones como para transportar este episodio al cine.

Para ser francos, los conflictos enseñados son demasiado dramáticos como para sobrevivir a cada una de sus discusiones. Sin humor, este producto seria de poco aguantar. Pero el mismo hace que experimentar la trágica realidad de esta familia rota sea algo dramáticamente disfrutable, si algo como eso existe. Admitiendo que la desgracia y el engaño de cada uno, se hacían más entretenidos con cada conversación, al punto en que un solo almuerzo podría ser el único momento que esta cinta necesitara.

Aun faltando una hora, la escena que reúne a todos los personajes en una misma mesa es la que se lleva los aplausos, al mantener conversaciones demasiado afiladas como para permitirse perder parte del dialogo. Esta secuencia de más de 20 minutos es el simple resumen de lo que “Agosto” tiene para ofrecer entre los miembros del reparto masticándose el uno al otro hasta agotar la paciencia del espectador y de las personas sentadas en cada silla. Por suerte, la comedia es capaz de amenizarnos esta experiencia devastadora. Si bien el dividirse y el destacar actuaciones, será el mayor efecto que esta trágica reunión evoque.

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