19 de enero de 2014

CRÍTICA | ESCÁNDALO AMERICANO (2013)

Christian Bale,  Amy Adams y Bradley Cooper en Escándalo Americano
“¿Alguna vez has tenido que buscar la forma de sobrevivir y sabias que tu opciones eran malas, pero, tenías que sobrevivir?”. Esto define a Christian Bale en “Escándalo Americano”, es el modus operandi por el que se rige su Irving Rosenfeld, y es en lo que se centra David O. Russell en esta crónica de engaños, máscaras, supervivencia y la representación del sueño americano.

El engaño de “American Hustle” es que no relata una historia real, pero existen fragmentos de ella que sí lo son. ¿Cuáles? No es necesariamente relevante, pero ahí está el truco. Quizá estemos viendo una increíble historia real con toques caricaturescos, o puede que solo nos enfrentemos a la imaginación de O. Russell, donde la esencia del sobrevivir es solo uno de sus objetivos, y los protagonistas son solo peones. Mi encrucijada empieza ahí, intentando descifrar por cuál de estos caminos inclinarme, saboreando ambos aspectos en una primera instancia.

Vivimos este escándalo de la mano de Irving Rosenfeld, un estafador y un hombre de negocios, un individuo capaz de engañar a su esposa y al mismo tiempo ser un gran padre. Es un hombre de muchas caras, quien burla a la vida para seguir adelante. Su amante, Sydney (Amy Adams), a quien, a diferencia de su esposa, realmente ama, se vuelve su compañera de crimen; sus negocios funcionan, sus estafas pescan clientes, y el éxito incluso alcanza los radares del FBI.

Momento de introducir a Richard DiMaso (Bradley Cooper) y la operación Abscam. Queriendo detener la corrupción política, el agente federal DiMaso consigue que Irving y Sydney cooperen a cambio de evitar su paso por la cárcel. Abscam no solo se transforma en una operación de cuestionada ética al encontrar a su víctima en el comprometido político, Carmaine Polito (Jeremy Renner), sino que todos sus involucrados cargan con el peso de ser impredecibles, unos bastante más que otros; lo que desata un torbellino de personas queriendo acabar por encima del resto.

“Escándalo Americano” es un desfile de disfraces, máscaras y pelucas, donde el mismo maquillaje de su elenco simula los esfuerzos de quienes personifican, por sobrevivir, alcanzar la gloria o entregarse a los demás. Seguir adelante como otra persona, sea con una identidad o rostro distinto, es la forma en que este set de personajes opera, tratándose de engañar o ser engañado, el juego de la supervivencia amerita sacrificios. Así se desarrolla un film de elenco y personajes, donde el deliro de la fama, la locura y la búsqueda del sueño americano son parte del caleidoscopio de personalidades.

Por tan fino que sea su argumento como para colorear sus aproximados 140 minutos, la clave yace en el poder de David O. Russell y Eric Singer por personificar los 70 con individuos entretenidos y representantes de los ideales a reflejar. Hemos visto el sueño americano incontables veces en pantalla. Sin ir más lejos, incluso el 2013 cargo con una larga cantidad de historias donde éste se apodera de su trama, haciéndolo el único significado relevante. “American Hustle” no pretende ser ama de una declaración similar, pero no quiere decir que no lo tenga en cuanta detrás de esa lucha por sobrevivir que el director introduce. Si se quiere, este podría ser otro sueño americano, otra forma de verlo, una de diversas caras. Exactamente de la forma en que desarmamos a sus protagonistas.
Jennifer Lawrence, Elisabeth Röhm, Christian Bale y Jeremy Renner en Escándalo Americano


Los personajes se apoderan del foco gracias al gigantesco elenco que O. Russell es capaz de convocar. Me cuesta creer que alguien rechazaría la propuesta de trabajar con el director y guionista, ya que sus últimos esfuerzos no hacen más que darnos solida evidencia de que tiene buenos personajes con los que trabajar y sabe sacarle jugo a aquel que los interprete. Salta a la vista desde el primer avance o afiche que Christian Bale vuelve a tener la principal atención más allá de su protagonismo. Consiguiendo el reverso de la carta que jugo en “El Ganador”, Bale subió considerablemente de peso para su papel y adhirió a su vestuario una curiosa peluca, de modo que perdiéramos su reconocible persona. Bale vive esa transformación y es irreconocible más allá de su maquillaje, clavando todo la labia que este estafador porta.

Aun en territorio serio, es necesario declarar que Amy Adams y Jeremy Renner logran un trabajo de igual calibre que Bale. No hace falta rodear el hecho, toda parte de este elenco se ve en la cima de su juego. Ahora, vuelvo a aclararlo, aun hablo de territorios serios. ¿Por qué decir esto? Bueno, porque “Escándalo Americano” es clasificable como una comedia. No la denominaría de esta forma, pero no sería capaz de negárselo a alguien que pensara diferente. El humor de O. Russell es su momento más delicado, teniendo que lidiar con un film que por momentos no debe ser gracioso, o al menos no resulta de esta manera, inyectando cierto humor entre escenas de fuerte dramatismo, mas importantes que un par de carcajadas, incluso siendo genuinas.

Hablando de humor, Bradley Cooper, Jennifer Lawrence y Louis C.K son bastante caricaturescos y por lo tanto llenan otro tipo de actuación. Debemos tomar a estos personajes en serio, pero la locura de Cooper y la peculiaridad de Lawrence no pueden pasar desapercibidas mostrándose humorísticas la mayor parte del tiempo. Este género es lo que me desconcierta apoderándose del film solo por tiempo parcial. Es ciertamente entretenido y funciona, pero, que me distraiga del drama y de su comentario en el centro, hace que mi inclinación por un simple y efectivo entretenimiento sea algo viable.

Uno debe ensuciar sus manos para sobrevivir o buscar la gloria. Algunos no aceptan la supervivencia, no es suficiente. Ellos prefieren pensar en grande, pero en esta América de engaños quizá es mejor hacerlo en pequeño, pasar desapercibido y recibir golpes, sabiendo que conservaras tu vida. Uno puede ser absolutamente amable o querer más, pero este mundo acabara tragándote, mientras aquellos con la cabeza baja, que conocen las sucias reglas, son los que sobreviven al final del día. O. Russell recrea este tema con ingenio y entretenimiento en iguales dosis, pero con todo lo que exprimo de él, quizá me quede más por analizar tras esas pelucas, o bien podría ser parte de mi propio engaño.

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