29 de enero de 2014

CRÍTICA | ELLA (2013)

Joaquin Phoenix en Ella
Siento un verdadero escalofrió experimentando el sinfín de interacciones que Spike Jonze describe con “Ella”. No solo se trata de amor, relaciones y un análisis de la psique humana. El entendimiento de las personas es impregnado con otra tétrica realidad que se atreve a mencionar: Nuestra sociedad pende de un hilo, el socializar se atrofia con cada avance, y la triste soledad del hombre salta al frente. Palabras fuertes para un romance, palabras que pocos films tienen las agallas de exponer.

Presentado en un futuro cercano, y ante todo autentico, Joaquin Phoenix encarna a Theodore Twombly. Especialmente romántico, Theodore sufre el dolor de una ruptura abrazando la completa monotonía de su rutina diaria. Despertarse, trabajar escribiendo cartas para otras personas y volver a su casa al sonido de música melancólica y una voz que lee sus e-mails y noticias. Los adelantos tecnológicos son parte de su vida, interactuando con la misma cantidad de inteligencias artificiales que con personas. De tal forma es presentado este nuevo hombre moderno, a quien no le toma mucho tiempo hacerse a la idea de adquirir el más actual y revolucionario sistema operativo.

El OS1 presenta una experiencia distinta. Promete la posibilidad de interactuar con un sistema operativo con alma. Cualquier tarea digital al alcance de su voz, cualquier conversación posible, un asistente a tu servicio, lo más cercano a una conversación humana. Tras instalar este sistema en su hogar, Theodore conoce a Samantha (Scarlett Johanson) quien lo sorprende en todo sentido. Su capacidad, su chispa, su carisma, su voz, todas cualidades que poco a poco abren la cerradura de Theodore para volver a relacionarse con alguien, para volver a sentir algo por alguien más, para volver a enamorarse…

He escuchado incontables descripciones de “Her” como la historia de amor entre un hombre y su computadora. No puedo culparlos de no extender su descripción, siendo la forma más sencilla de explicar este relato, de amor, como es presentado; pero cierto es que hay una pizca más de tristeza que alegría, y de soledad más que amor. No quiero decir que no lograra dejar esta civilización con una sonrisa, pero es un camino realista el que debemos recorrer para llegar ahí.

Supongo que la madurez que propone Spike Jonze es la esencia de su cargado relato. Los romances suelen apoyar su hombro en la comedia o en la sencillez de sus sentimientos, pero la cinta de Jonze está completamente centrada en la madurez de su arriesgado argumento. No puedo expresar la cantidad de personas que podrían encontrar algo de humor en ciertos momentos que nunca buscan risas. Caminando en una peligrosa cuerda floja, está claro que logra llegar hacía el otro lado, requiriendo la misma madurez del público y el mismo trato, haciendo de su quizá tonto argumento algo para tomar muy en serio.

Encontrándonos con un absoluto protagónico para Joaquin Phoenix, el mayor ingenio que demuestra Jonze es querer hacer a sus protagonistas (humanos) lo más humanos posibles, sin importar que realidad deba reflejar en sus rostros. Esta es la forma clave con la que logra que Samantha sea un sistema operativa creíble, permitiéndose hacerlo bastante complejo en el proceso. Ese personaje aprende de las experiencias humanas y esto no solo dice algo de nosotros, sino que introduce el posible error de crear inteligencia artificial a nuestra imagen, mucho más allá de la forma en que nos vemos, sino de la forma en que pensamos. Porque, además de ser creada por el intelecto humano, ella aprende de sus experiencias y cuenta con esa característica curiosidad. Poco a poco consigue la misma posibilidad de ser un espíritu libre, de explorar sus evolucionados sentimientos.

Amy Adams y Joaquin Phoenix en Ella

Casi siento que hablo de “Ella” como si estuviera analizando un drama deprimente, pero no lo es. Con todo lo dicho, aun es una excelente historia de amor, y sobre todo lo demás, inteligente. Más allá de la conexión humana, el director y guionista explora el superar una ruptura, el abrirse a mas experiencias y la esencia del amor en general, exponiendo este último concepto mejor que nadie.

Suplantado la comedia por emociones reales, tanto del espectador como de sus personajes (incluidos los artificiales), las sonrisas carismáticas se apoderan de gran parte de la cinta. Somos capaces de identificarnos con ese protagonista, debido a que tiene algo de nosotros en él: Es completamente humano. Verlo de corazón roto, aislado, abrumado; son sentimientos verdaderos, y apreciar que ha encontrado alguien o algo que lo haga volver a sonreír es infinitamente satisfactorio, por más que evoque cientos de temas delicados, mucho más allá de su argumento.

El encantó y efecto de la historia también se acreditan a la visión de Jonze y K.K. Barrett fuera de las páginas del ingenioso guion. Olvidemos por un momento los autos voladores y mantengamos los pies en la tierra. “Her” describe un futuro cercano donde la tecnología ha avanzado considerablemente pero no se ha separado de las ideas que rodean nuestra civilización. El diseño aun es uno de los mayores puntos a considerar, y no hay nada que no mantenga una estructura encantadora o sencilla, entre los pequeños audífonos que son usados para oír a los OS, o la colorida comodidad con la que están diseñadas las computadoras. Convencernos de este futuro es prioridad para el desempeño del relato y de tal forma no hay otra que pasar un largo tiempo centrándose en el mismo. Jonze incorpora todo esto a su argumento, y la producción entera se ve amparada por detalles en cada rincón, donde hasta ver un pantalón por arriba de la cintura es creíble a medida que también elabora su propia moda.

Incluso con el fuerte talento femenino que trae la cinta, el film le pertenece a Phoenix, quien interactúa con un auricular la mayor parte del tiempo. Su cara pasa por toda emoción posible, demostrando el enorme camino emocional por al que Theodore debe enfrentarse para olvidar a su ultimo amor y todas las secuelas de dicha separación. No debemos engañarnos, probablemente sea el mejor papel de su carrera y termina de establecer su grato regreso frente a la cámara.

Sobre ese talento femenino, “Ella” también vive gracias a esos papeles, con aportes muy diferentes para cada una. Rooney Mara, Olivia Wilde y Portia Doubleday tienen grandes cameos, pero mi interés recae sobre el trabajo de Amy Adams y Scarlett Johansson. La primera muestra un lado muy carismático y simpático como vecina en el mismo edifico de nuestro protagonista. La segunda es seguro la mayor sorpresa, dejándonos una reluciente actuación solo con su voz. Es graciosa, es emotiva, es sentimental, y prueba que Theodore se enamoraría de su voz.

Su paleta de colores evoca muchos de los sentimientos que trata, sin contar sus obvios colores futuristas, y lo señalo debido a que hay tonos oscuros durante ciertos momentos. La soledad y el aislamiento siguen teniendo mucho que decir en estos 120 minutos. Creo que carga con algunas conversaciones deprimentes a futuro, no exactamente señaladas pero si lo suficientemente sugeridas, lo que acaba de establecer la importancia del film, mas allá de lo entretenida e inteligente que es.

Irónicamente, todos los adjetivos que describen al curioso personaje de Samantha, describen a “Ella”. Hay miles de emociones y pensamientos en este relato, contado en un ambiente artificial. Pero orquesta sus piezas magníficamente, de forma que podamos creerlo, sentirlo e identificarlo. El protagonista del mismo pasa por un proceso similar con ese sistema operativo, está al corriente de la verdad, pero esto no lo detiene de establecer una relación pura con ella. ¿Es lo correcto? ¿Habrá distancias tan amplias en nuestras interacciones? ¿La soledad humana será tan común?  Supongo que necesitamos averiguarlo por nosotros mismos, después de todo, Jonze solo ha retratado otra historia de amor.

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