22 de diciembre de 2013

CRÍTICA | EL HOBBIT: LA DESOLACIÓN DE SMAUG (2013)

Martin Freeman en El Hobbit: La Desolación de Smaug

No es lo mismo existir bajo la larga sombra de “El Señor de los Anillos”, que vivir a la altura de “Un Viaje Inesperado”. La diferencia es abismal, y bajo ese mismo criterio, la de aquel primer capítulo con “El Hobbit: La Desolación de Smaug” también lo es. Con sus intenciones establecidas, la segunda parte es un notorio avance, aunque, en cuanto al muro que debería atravesar… Ese ya está fuera del alcance. Éste fue construido antes de que esta nueva trilogía comenzara, y tendrá que aguantar con eso por siempre.

Supongo que para algunos, más es mejor, y en cierta forma, lo que intentare aclarar va en contra de todo lo que disfrute en “La Desolación de Smaug”. El hecho es que no hay tres capítulos posibles para esta historia donde la longitud, el desvió, o la simple recompensa, no sean considerablemente alteradas. Durante estos dos tercios, uno no puede diferenciar lo extendido o lo adherido del resto, lo cual concierne a la autenticidad de la experiencia, que pasa de ser una épica, a una vertiginosa montaña rusa, a solo una excusa para imprimir dinero. Quien desarrolla la cinta no tiene culpas. El espectador es hipnotizado por escenas de acción, el presupuesto se nota y la ejecución es correcta, pero hechas las cuentas, esto no es un episodio, es otro capítulo a medio terminar, sin inicio, sin final, sin sustancia.

Retomando las caminatas por bosques y montañas, es difícil asignarle un argumento a este tercio, donde los objetivos son los mismos y la diferencia está en aproximarse un poco más al objetivo. Mientras se acercan a Erebor, la compañía de enanos, Gandalf y Bilbo vuelven a recorrer los caminos más peligrosos de la Tierra Media, pero ninguno de sus obstáculos se compara al masivo dragón, Smaug, quien duerme esperando la llegada de nuestros héroes. Ellos se toparan con arañas gigantes, orcos, elfos y la posibilidad de una maldad mayor por el camino, y si eso no es suficiente atractivo, tampoco hay pretensiones superiores en esta, de por sí, épica campaña.

Como lo describo, lo épico forma parte de este viaje. Su escala es gigantesca, ya habiendo poblado unas seis horas, y el cometido de los protagonistas habla por sí mismo, pero cualquier peligro o emoción, por encima de sus perfectamente coreografiadas secuencias, es nulo. No es que sea muy fácil corregir este dilema dentro de una precuela, pero con la grandeza de sus elementos y lo diverso de su mundo, las apuestas nunca se ven a la altura de ese gigantesco dragón, poniéndolo como la mayor amenaza y el centro de todo este episodio. Lo cual, al menos confirma su aparición en el asunto…

“Smaug” debió ser el primer film. Recortar 70 minutos de aquí y allá, y convertir “Un Viaje Inesperado” en una historia de hora y media no es imposible. Seguro sería capaz de resolver la inversión emocional, la cual comete fallos una y otra vez en el correr de esos dos capítulos. El primero directamente no consiguió despertar tal concepto, pero ahora, el caso es distinto, lo cual separa a “La Desolación” de su predecesora. Gracias a su manejo de curvas y dinámicos confortamientos, conseguimos todo en esta oportunidad al despertar el interés del espectador ante el entretenido caleidoscopio de peligros. Invertimos interés y tenemos paciencia, y si bien los colores son suficientes para distraernos, la película es incapaz de responder a todo el vértigo que tose. Créanme, jamás estaremos tan involucrados en esta historia, hemos aguantado 160 minutos flexibles, pero nuestro premio nunca aparece. Por un segundo, olvide que iba a golpear una pared, pero una vez que lo hice, no deje de pensar: “Ya que estamos en la sala, termina la historia. Para lo que debe quedar…”.

Sin ganas de volver a revolver el pasado, las comparaciones entre esta trilogía y la anterior aún son cruciales, fácilmente porque intenta ser ella la mayor parte del tiempo. El film empieza contando otro prólogo, la longitud sigue vigente, pero la clave de “El Señor de los Anillos” no tiene lugar, donde incluso “Las Dos Torres”, segundo film de aquella trilogía, supo cumplir. Si bien forman parte de un todo, la necesidad de contar una historia completa es necesaria para el interés más allá de la simple distracción. Si, la primera parte contaba con un inicio, y la última contara con un final, pero “La Desolación de Smaug” carece de ambos y culmina tan épicamente como lo haría un episodio de televisión. ¿Lleno de suspenso? Seguro. Pero los episodios de televisión suelen emitirse una semana después, manteniendo el interés. Realmente estaría impresionado si “There and Back Again”, el último capítulo de la trilogía podrá recuperar parte de ese interés, sabiendo que solo tendremos un extenso climax con el que conformarnos.

Donde “Un Viaje Inesperado” tenía una secuencia clave con la aparición de Gollum, “Smaug” carga con tres de ellas y luego un poco más. Peter Jackson debe haber oído alguna de las quejas referentes a su primer precuela dado que las secuencia son más ágiles, hay pocos descansos, y es imposible no toparse con genuinos vértigos o sonrisas durante sus mejores momentos. La acción esta coreografiada con ingenio, y si bien su mejor secuencia aparece al final de su primer tercio con una brillante persecución por un rió, el final aún tiene ese esperado encuentro con el dragón. Momento en el que es difícil separar los ojos de la pantalla gracias a sus inmaculados efectos visuales.

Este tipo de arreglos, un poco más de conocimiento sobre los enanos y la innecesaria, pero efectiva, aparición de personajes fuera del material original, le dan vida a esta secuela. La misma sufre principalmente por decisiones fuera de su mano y ante tal situación es necesario reconocer el trabajo que le hace frente a una situación perdida. En consecuencia, ésta se ve obligada a llenar sus espacios con un extra de acción y un extra de elementos, que decepcionan por su buen rendimiento, en un producto que debió ser distinto desde un principio.

Debatir la simple existencia de este episodio en el medio es innecesario, teniendo claro que será el que tendrá más contenido. Los referentes al manejo de esta historia se ven en un aprieto y ante el mismo, salen ilesos con un producto que supera expectativas pero que carga con muchísimo más potencial. Potencial que no para de reflejarse durante estos 160 minutos, que perfectamente podrían albergar aquel primer viaje, y darnos un capitulo completo.

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