12 de noviembre de 2013

CRÍTICA | CAPITÁN PHILLIPS (2013)

Tom Hanks en Capitán Phillips
Hay más de 90 minutos de tensión en los 130 que pueblan el nuevo film de Paul Greengrass, pero “Capitán Phillips” es algo más que un thriller que justifica morderse las uñas. Valorando todos los lados a considerar en esta historia real, hay importantes detalles que la separan de un drama en altamar, forjando un viaje intenso que reflexiona sobre los involucrados y nos regala uno de los momentos más deslumbrantes en la carrera de Tom Hanks.

Tal como el titulo lo indica, el espectador se ve junto Richard Phillips (Hanks), capitán del barco carguero Maersk Alabama. El año es 2009, la misión rutinaria, pero el camino al frente, peligroso, al enfrentarse a una lancha cargada de piratas somalíes. El abordaje es un hecho y frente a una situación de vida o muerte, Phillips y su tripulación se enfrentan a un grupo sin escrúpulos que no abandonaran el buque sin una recompensa. Desde esa misma emboscada, el peligro es inminente y en un enfrentamiento tan desesperado, no se trata de las decisiones de un solo capitán, se trata de las órdenes de dos.

Muy por encima de su tenso pulso y el tono que le roba a los mejores thrillers, el drama y la reflexión que ofrece, es su novedad. Con todo el peso heroico o positivo que tiene su protagonista, “Capitán Phillips” se atreve dejar claro que incluso el más culpable tiene sus razones y el más incorruptible tiene sus errores. Olvidando su título, la cinta tiene la sensatez de introducirnos al capitán del otro bando con el mismo protagonismo que el de Phillips, centrándonos, no en una rivalidad, sino en una relación; un trato entre dos hombres enfrentados por sus destinos y suertes.

Barkhad Abdi es Muse, líder de los piratas somalíes. ¿Sus intenciones son detestables? Si ¿Sus motivaciones lo justifican? Más aún. Con arrepentimiento, obligación y sed de cumplir con lo que se espera de él, mentiría si viera mayor poder fuera del enfrentamiento entre Hanks y Abdi. Separándome de las maravillosas encarnaciones de cada uno, existe una especial cuota de depresión y tristeza en su historia, al poder ver el miedo, la desesperación y la falta de esperanza en ambos rostros.

Enfocada en dos tripulaciones, estas despiden la misma cuota de dramatismo, poniéndose una encima de la otra, y viceversa. No existen héroes, no existen villanos, solo existe realidad para Paul Greengrass y el guionista Billy Ray, evocando pensamientos similares a los que Kathryn Bigelow nos dio con “La Noche Más Oscura”. No, no pretende darle dos perspectivas a un hecho, pero el precio de la verdad y el realismo si vienen con la valentía de poner todas las piezas en la mesa, incluso las que incomodaran al espectador al recordar que no todas las historias tienen un solo color.

Abriendo y cerrando sus puertas en absolutos silencio, Paul Greengrass es el amo de este material. Tratándolo como un drama de acción y robándole el pulso a la mayoría de sus trabajos, el director controla la intensidad de cada escena, permitiéndose palpitar sin control en su primera parte y recuperar un traicionero aliento a medida que avanza. Por más que baje su ritmo o se convierta en algo distinto, “Phillips” nunca detiene su reloj, y así engaña a la audiencia antes de golpearla sin piedad con 15 minutos brutales, que se apoyan en la mejor de las ejecuciones.

La cámara temblante de Greengrass es una de sus muchas constantes en la cinta, y tras introducir un buen uso de la técnica, el mismo es aprovechado para no perder su nervio, y agregar tensión en los momentos menos pensados. En cada uno de sus tercios hay un punto muy alto, que acaba por cuestionar el trato que el director agrega, al convertir algunas escenas en secuencias de acción. La toma del barco, el miedo en el cuerpo y las múltiples amenazas tratan de intensidad, y eso está claro por más que opaque una parte de su cara más sincera y visceral.

Muse y Phillips son el alma de la historia, pero hay más de dos jugadores en medio. La cinta guarda una detallada descripción del lado externo en las manos militares, que sin entrar en detalles, juegan un importante papel. Donde sus procedimientos son tácticos, creíbles y efectivos, este es el primero de los valores arriesgados que pone en juego, obviando hablar mal de ello, pero si leyendo la verdad y la sensibilidad sin tapujos.

Por tan atrapante que sea el talento de Greengrass detrás de la cámara, el pegamento a la misma es culpa del eléctrico e incuestionable trabajo de Hanks y Abdi. Manteniéndolos separados previo al rodaje, el director aseguro la autenticidad de su encuentro, y se nota. Desde el momento en que se enfrentan, los dos actores dan una batalla de talentos donde vemos los procedimientos de cada uno y las elecciones que deciden dar. Este es el primer papel de Abdi, y su trabajo es incomparable en cuento a debuts. Sabiendo que debe pararse frente a un actor del calibre de Hanks, sería imposible pensar en reacciones tan realistas, donde no encontramos un villano, encontramos un ser humano, volviendo a priorizar el realismo que Greengrass exige, y que consigue la mayor parte del tiempo.

Por su parte, Tom Hanks vuelve a ser la joya cinematográfica que queremos, manteniéndose absolutamente firme pero deslumbrante en escenas que no serían nada sin su habilidad en pantalla. Hanks no se limita a estudiar a la persona y de verdad encuentra un gran personaje en Richard Phillips, uno que expulsa todo lo que este reconocido actor tiene adentro, haciendo que todavía nos sorprendamos con lo que es capaz de hacer.

Abandonándonos con una sensación desagradable por dentro, la realidad manda para Greengrass, y es ella la que consigue algo más que un flote en el mar. No existe un momento en que el espectador no se vea emocionalmente comprometido por sus orquestados elementos, y sufriendo bajo un sinfín de tensas escenas, el film se atreve a darnos más que la historia de un secuestro. “Capitán Phillips” es un relato humano, un enfrentamiento entre capitanes y la representación del dolor en una situación naturalmente volátil.

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