3 de octubre de 2013

CRÍTICA | JOBS (2013)


                                    Vi "Jobs" como parte del 12º Festival de Cine de Montevideo

Relatando su controversial inicio, David Fincher y Aaron Sorkin fueron capaces de inculcar simpatía hacia el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, con “La Red Social” en 2010. Atreviéndose a abarcar una vida más larga, “Jobs” pretende tomar una posición similar. Steve Jobs fue un individuo de gran imaginación, pasión y ambición con la misma serie de conflictos por rebeldía, y si bien es posible verlo como alguien detestable, este biopic no quiere plasmar esa cara. Para “Jobs”, su protagonista es solo un mesías que paso por momentos oscuros, pero toda esa maravilla de la que habla se le ríe maliciosamente por detrás, presentando a una persona imposible de seguir en su centro, rodeada por pedestales llenos de manzanitas.

Empezando irrelevantemente en 2001 con la presentación del iPod, Steve Jobs es introducido en toda su gloria de la mano de un bien maquillado Ashton Kutcher. El fundador de Apple tiene humor, carisma, imaginación y apoyo por parte de sus empleados, pero entre un discurso y un aplauso, saltamos a sus inicios en los 70. Sin demasiado interés en la Universidad a la que asiste, Steve se asocia y casi se apodera de la idea de uno de sus compañeros, Steve Wozniak, al llevar adelante el desarrollo de la primera computadora personal. Junto a otros tres asociados, su invento se vuelve una sensación, causando la creación de Apple y desatando la soberbia y el conflicto que llevo a  Jobs afuera de su propia compaña.

Basándome en el 75% de este biopic, Steve Jobs es detestable. Vendiéndose como la historia sobre el hombre imaginativo y rebelde, “Jobs” vende al estafador, oportunista y ocasionalmente ambicioso, lo que le permite ascender mientras pisa las cabezas de sus compañeros. Dejando que este sea el formato que me ilumine acerca del difunto fundador de Apple, mi reacción hacia esta figura es absolutamente negativa, siendo retratado de tal manera. Esto sería apoyado por mi parte, al mostrar algo valor, pero al igual que la compaña de la manzana, Jobs es elevado hacia el cielo más adelante, algo difícil de creer tras verlo aprovecharse del talento de sus asosiados, no reconociendo ni apoyando a su olvidada hija y hasta estacionando en el espacio para discapacitados.

Apple siempre se ha caracterizado por el diseño moderno y limpio, y viendo a Kutcher refiriéndose a ello en diversos discursos, por lo que es incómodo ver que el film de Joshua Michael Stern carece de demasiado estilo o chispa. Tirando como puede de los 25 años que recorre, la película no puede permitirse demasiada agilidad entre sus periodos, dando poco contexto al saltar entre épocas, lo cual se agrava al llegar al último año relevante para la cinta.

Donde el diseño se desata, es en mantener el look de la época, reciclando los setentas y ochentas. Despertar los proyectos tecnológicos de tales momentos no es una tarea tan compleja, pero se hace disfrutable siendo el punto imposible de negar en toda su área biográfica. Ayudando a mantener tal estatus, el parecido de Ashton Kutcher con Steve Jobs se ve de primer orden, siendo su aspecto quien maneje al protagonista. Realmente, por más que a Kutcher le falte alcance para personificar a Jobs, su apariencia y el maquillaje hacen el truco viendo que el actor los combina con diversos gestos, una forma de caminar y un cambio en su voz. En lo que concierne a Kutcher no es realmente el problema, ni tampoco el talentoso reparto que trae detrás, dandonos solidas actuaciones por parte de Dermot Mulroney, J.K. Simons, Matthew Modine y Josh Gad.

Por más que no trate nada bien a la figura principal, la película deja a la manzana intacta, dando guiños y relatando discursos que no hacen más que soltar flores sobre la multimillonaria Apple. A su vez, el trato con el protagonista es similar, intentando reflejar la grandeza de Jobs, a partir de momentos cursis en que vemos la invención del nombre Apple, el interés de Jobs por las fuentes de un texto y el más cómico de todos, en el que toma su Discman y literalmente lo tira en la basura. Para ser franco, sería lo mismo ver Kutcher decir “Tengo una idea” guiñando un ojo a la cámara, antes de empezar a diseñar el iPod.

Por todo el odio que le podemos guardar a medida que se aprovecha de sus compañeros o mientras ignora a su hija, la cinta va más allá una vez que pretende hacernos amar a la personalidad por algo más que sus invenciones. Es imposible pasar por alto su interminable serie de discursos en los que describe la imaginación y el poder de su compaña, y todos son válidos hasta escucharlo elogiar a sus primeros cómplices, lo cual desata miles de palabras finales de las que nadie podría fiarse. Alguien que aplaste a la gente que lo ha apoyado y ayudado no merece un perdón solo porque muestre un repentino cambio de parecer años más tarde.

Estoy bastante seguro de que existe una biografía atrapante y quizá devastadora sobre la persona que fue Steve Jobs. En un momento de confesiones Wozniak le dice a Steve que “No todos tienen una agenda” y es la gran verdad, al ver que Jobs carga con una agenda pesada y ajetreada. Esta biografía sufre el mismo estrés. Quiere hacerlo y tocarlo todo, entre millares de argumentos que olvida, entre el conflicto con su novia embrazada, y hasta el indicio de una rivalidad con Bill Gates, la cual desaparece completamente en cuestión de minutos. Esto es “Jobs”. El hombre grita, establece rivalidades, se venga, se aprovecha y acaba en el pedestal con una manzana en la mano, lugar que según este biopic claramente no merece ni se explica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario