25 de octubre de 2013

CRÍTICA | BLUE JASMINE (2013)

Cate Blanchett en Blue Jasmine
Con 45 años en carrera, ya estamos al tanto de lo que Woody Allen es capaz de proyectar siendo un cineasta tan comprometido. Sin embargo, la mejor cara del mítico director y guionista es mantener vivo su legado, probando que aún no hemos visto algunas de sus facetas. “Blue Jasmine“ es una de ellas. Una que no es perfecta, pero que camina sana y salva por la tragicómica cuerda floja, gracias a otro elaborado guion y un espectacular trabajo de Cate Blanchett.

Entre pasado y presente en paralelo, Jasmine (Cate Blanchett) es introducida en sus dos vertientes: viviendo el glamour en Nueva York y teniendo que espabilar en San Francisco. Con un cambio perturbando su persona, la ruina del engaño y estafa de su esposo, Hal (Alec Baldwin) la obligan a vivir con su hermana, Ginger (Sally Hawkins) bajo pura conveniencia, al no tener donde caer muerta. Con conflictos mentales, escaso tacto y una crisis de vida de por medio, Jasmine solo puede intentar rehacer su vida de una forma corriente, la cual desconoce por completo…

Poéticamente titulada “Blue Jasmine” (Jazmín Azul), iré al grano admitiendo que ese mismo título podría sustituirse por “Cate Blanchett”. La actriz ganadora del Oscar es la indiscutible chispa entre diálogos y demencias. Su sola cara reflejada entre pasado y presente o, más bien, entre el éxito y la crisis, es más poderosa que cualquier palabra por parte del director. Sin pretensiones de rebajar otro competente trabajo de Woody Allen, no cabe duda de que su musa de turno eleva su material a otra categoría, a fin de preguntarse si lo expuesto tendría el mismo efecto si careciese de un talento central de tal calibre. Es una de las mejores actuaciones que el director neoyorkino ha tenido el placer de exponer en su carrera, siendo un elogio para él, pero un gigante apoyo para Blanchett, quien vera un premio o dos por su “mujer rica en crisis y bajo tratamiento farmacéutico”.

Con las apologías obvias representadas, podemos decir que Blanchett es tan magnifica como el personaje que interpreta. Siendo uno de los protagonistas más interesantes de Allen, Jasmine no es precisamente alguien a quien apoyamos por más que nos intrigue, pero si es capaz de entretenernos gracias al “drama” que vive. Al filo de la mentira, de la crítica y de un notorio set de problemas mentales, ella carece de ética, haciendo su desenvolvimiento con el resto de las personas un acierto, apoyándose en su tragedia y no solo en el hecho de sacar al pez afuera del agua. Lo acepto, es tan frágil que habla sola, y eso podría clasificar como desesperado, pero ocurriendo en pocas ocasiones, Allen lo saca adelante, sin dejar claro exactamente la forma en que debemos tratar a su personaje. No podemos reírnos a carcajadas entendiendo que no se trata de humor convencional o ligero, son dos inclinaciones que saltan de la esporádica risa a la desesperación o depresión contagiosa de su protagonista, incluso con lo superficial y egoísta que pueda llegar a ser.

Con el corte paralelo que maneja el relato, la cinta se rige por la nueva vida de Jasmie, mientras conocemos a su esposo y su acostumbrada vida de lujo. Con esto, el director no solo decide jugar el contraste, sino que se permite introducir algunas revelaciones por el camino, dándole algo de sazón a una historia en la que el argumento no es plato fuerte, volcándose más en su personaje.

Siempre existen elencos talentosos dispuestos a trabajar con Woody Allen, y si bien consigue otro para “Blue Jasmine”, el reparto no tiene un brillo tan importante como el de Blanchett. Por un lado Alec Baldwin es el indicado para dar vida a Hal, pero su presencia solo es requerida en flashbacks. Y hablando de decepciones, las apariciones de Peter Sarsgaard, Michael Stuhlbarg y Louis C.K son demasiado pasajeras y olvidables, especialmente con el último, al saber que C.K conoce de humor pero no está ahí para sacar sonrisas. Es la contraparte femenina de Sally Hawkins quien da más de sí al ser el polo opuesto de Blanchett, por no decir que interpreta al personaje más desarrollado. Incluso siendo tan diferente, Ginger cae bajo la influencia de su hermana, y Hawkins logra algo más mientras se debate sobre lo que uno merece y quiere.

Por tan creativamente emocional que sea su protagonista, la línea narrativa se ve a merced del segundo foco barajando los tristes intentos de Jasmine por seguir adelante, entre querer estudiar computación para luego seguir diseño de interiores, o en rehusarse rotundamente a ser secretaria de un dentista. No existe demasiado contenido más allá de ella, y la misma tiene cierto límite, con momentos sobrantes pero balanceados gracias a otros sumamente geniales.

Woody Allen pone énfasis en su personaje desde el mismo título, mientras que el resto se ve eclipsado bajo la sombra de Jasmine y la absoluta grandeza de Cate Blanchett, quien se luce desde el minuto uno. Su demencia y “dramática” tragedia son excepcionales, pero como tal, incluso alguien tan talentoso como Allen es capaz de perder un poco el hilo en un relato que se basa principalmente en ella. Dicho esto, sigue siendo un acierto, y como es de costumbre para su director, es otra positiva adición a su curriculum moderno.

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