16 de septiembre de 2013

CRÍTICA | STAR TREK: EN LA OSCURIDAD (2013)

Zachary Quinto y Chris Pine en Star Trek: En la Oscuridad
Tras visitar los confines más remotos de la galaxia, la tripulación del USS Enterprise llego a gastar todo su repertorio. Dicho eso, el reinicio de “Star Trek” en 2009 le dio nueva vida a estos personajes, sin pasar por alto su trayectoria original, y dejando que sea revisitada. Su siguiente paso pone más énfasis en resucitar viejas historias que en innovar, pero nunca pierde la magnífica sensación y emoción de ese ya establecido primer viaje a las estrellas.

Basando la mayor parte de su acción en la Tierra y en el Enterprise, el capitán Kirk (Chris Pine) y el resto de su tripulación se enfrentan a una nueva amenaza, proveniente de la misma Flota Espacial. Tras una serie de atentados, Kirk y Spock (Zachary Quinto) emprenden una misión de venganza en contra de la figura responsable de dichos ataques, John Harrison (Benedict Cumberbatch). Escondido en el planeta Klingon, Harrison no es cualquier fugitivo, y la tarea deja al Enterprise varada en el lado más oscuro y desconocido del espacio, al dejar entrar al peligro en su propia nave.

Cayendo en la necesidad de referenciar la mitad de los eventos ocurridos en el primero de estos nuevos capítulos, la problemática del “Te acordas cuando…” hace de sus 30 minutos iniciales algo duros. Una vez olvidado su bello prologo por el lugar más exótico y menos gris de toda la cinta, “En la Oscuridad” se siente obligada a introducir algunos nudos rutinarios para desatar sus coloridas escenas de espectáculo galáctico. Lo cierto es que la simpleza que la abre, es la que la cierra, y todo lo que ocurre tras esa media hora funciona como tal, pudiendo mantener la tensión y la acción aisladas, pero las apuestas bien altas, solo con el enfrentamiento de dos naves estancadas en el mismo punto.

Al no ser el más grande de los fanáticos, J.J. Abrams consiguió la frescura en su primer intento, atrayendo a los más obsesionados y a los espectadores casuales, por lo que no puedo negar la resucitación de tal formula. Incorporando momentos icónicos y sumándoles su giro, el principal atractivo recae en ignorar el tópico de “la secuela debe ser más grande”. Con el extenso universo que ha sido explorado, es increíble que apenas veamos esos rincones, y que la impresión del mismo aún este presente. Francamente, además de ver la Tierra del futuro, no hay suficientes escenarios como para darle más escala al segundo capítulo, pero ese aislamiento nunca abandona la diversidad e interés de su mundo.

Las batallas de estrategia son un aspecto complejo para esta franquicia. Entre tanta ciencia ficción que abraza sus veloces y explosivas combates por el espacio, “Star Trek” siempre se vio en desventaja optando por viajes más creíbles pero menos emocionantes en lo que concierne a darle el poder taquillero que necesita en pantalla. Esto es lo que salta a la vista del film de 2009, Abrams consigue dar dinamismo, camaradería y un lenguaje claro a los desafíos que deben enfrentarse desde el puente del Enterprise. Durante su segundo asalto, el director pone al puente la misma atención que merece, pero a su vez, también da más perspectiva a otras partes de la icónica nave espacial al basar la mayor parte de su momentum por ahí, entre una ciada a toda velocidad que juega con la gravedad y el mismo minuto dramático de la cinta.

Si hablamos de aciertos aun presentes, a mí ver, el hecho de no tener un protagonista único siempre dio vida a estos personajes. Además de Kirk y Spock, los jugadores secundarios suelen pasar al frente, y olvidando la presencia que Uhura (Zoe Saldana) y Sulu (John Cho) tuvieron en el primer viaje, Scotty (Simon Pegg) y McCoy (Karl Urban) tienen más tiempo en pantalla, lo cual se siente perfectamente familiar, al encontrar la misma química entre todos ellos, por más que los diálogos en sí mismos, decaigan por momentos. Sin ser parte de la tripulación, y como nueva incorporación, Cumberbatch se roba la mayor parte de sus escenas. Dándonos un villano tanto digno como maligno, sí sufre por algo, y es por tocar a un personaje visto, lo cual le quita algo de mérito a una de las mejores impresiones que deja el film.

Una vez culminada, la cinta se enfrenta a poco más de tres o cuatro locaciones, haciendo de su estadía aun diversa. Entre los pasillos de la nave principal, las especies y los personajes abundan, así como el lenguaje empleado usa más de un tecnicismo acerca de este universo, lo cual mantiene al espectador tan atento como inmerso. Francamente, pensé que las conversaciones sobre la teletransportación eran el límite, pero todo comentario sobre los viajes Warp es interesante, por más que la ciencia en sí carezca de sentido, ya que ayudan a darle todavía más encanto a muchos de los justificados despliegues de efectos visuales.

Sin demasiados inconvenientes, uno si puede extrañar la frescura. Tras tal reintroducción, dar la misma impresión es difícil para cualquier director, y Abrams prefiere jugar sus cartas a lo seguro sin recorrer fronteras demasiado innovadoras. Aun así, la acción se mantiene variada, y con un excelente ritmo, la cinta solo acaba sufriendo por un final algo abrupto, que aun así es capaz de involucrarnos. Mientras esperamos al borde de la butaca, la presentación de un cine taquillero con escasas pretensiones se cumple, y lo que es más importante, le hace frente a los entretenimientos de tal calibre, estrenados en este 2013. En lo que concierne al espacio y la última frontera, pueden contarme adentro del Enterprise para otro viaje.

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