29 de septiembre de 2013

CRÍTICA | PENSÉ QUE IBA A HABER FIESTA (2013)


Vi "Pensé que Iba a Haber Fiesta" como parte del 12º Festival de Cine de Montevideo

No habría que andarse con rodeos y pretender que las intenciones del nuevo film de Victoria Galardi (Cerro Bayo), “Pensé que Iba a Haber Fiesta” son algo más que simples, lo cual acaba siendo un elogio. Pudiendo darle una voz creíble al dilema amoroso que presenta, su guion y dirección llegan al punto, es una pena que el mismo le deje al espectador cierto vacío sobre sus protagonistas, y poca justificación a su visible relleno.

Preparándose para sus vacaciones, Lucia (Valeria Bertuccelli) llama a Ana (Elena Anaya), su mejor amiga, para cuidar de su casa. Mantener el cuidado de la piscina y del resto de la vivienda, así como disfrutar del tiempo libre, son las instrucciones que da Lucia, sin tener demasiado en cuenta la eventual llegada de su ex-esposo (Fernan Miras) a recoger a su hija, Abi. Incluso con remordimientos por su parte, Ana será víctima de sus sentimientos al comenzar una relación con el ex de su mejor amiga, pero, ¿Es un cadáver sentimental para Lucia o el vínculo es inquebrantable?

Galardi hace un par de preguntas interesantes con el drama de sus dos protagonistas. Las cuestiones que provoca el romance de Ana y la tensión que se despliega en su amistad son un objetivo. Se vuelve una meta valida y con posibilidades, pero con 85 minutos en su reloj, no es capaz de resolverla, por más que aparente haberlo hecho. En sí, su situación consigue un desenlace y nadie podría protestar de haber sido engañado, pero con el mismo broche entre la relación de Ana y Lucia, una respuesta es demandable acerca de esas relaciones complejas, que involucran a más de dos personas.

Pecando de lenta a tan corto plazo, un tercio de su contenido es catalogable como relleno, entre escenas que introducen personajes sin aporte a simples escenas sin rumbo, dado que una o dos se muestran relevantes, pero a medida que avanzamos el sentimiento es distinto. Galardi no hace lo suficiente con sus personajes al acentuar el realismo, ya que se ve saturada entre escenas de piscina sin demasiada importancia. Barajando realidad y seriedad, el guion intenta introducir espasmos humorísticos. Así consigue sacar alguna sonrisa, consecuencia de su tono tan sobrio, pero solo es una reacción que compensa la escasez de eventos.

Donde no aporta el desarrollo o las reflexiones que debería, “Pensé que Iba a Haber Fiesta” si es un film de actuaciones reseñables. Teniendo dos focos centrales en Bertuccelli y Anaya, la segunda debe cargar con el peso de las decisiones y más de la mitad de la cinta. Ana es quien desata el dilema, y es a ella a quien vemos sufrir, claramente donde Anaya se luce transmitiendo el estrés que vive durante sus días de descanso. Donde no vemos ninguna señal de descanso es en la Lucia de Bertuccelli quien junto a su coprotagonista, vive su personaje, sintiendo la misma cantidad de agobio. Fernan Miras es la tercera punta de lo que podría llamarse un triángulo amoroso, dándole a Ricky, el ex-esposo de Lucia, algo de relax y poco interés en comparación con sus compañeras femeninas. Ese si es un punto que la directora lleva adelante, sus personaje masculinos tienen un comportamiento en piloto automático, donde no ponen ni la mitad de interés o cuidado que si agregan las mujeres en sus vidas, y Miras da en el blanco.

Por mi parte, al querer encontrar las intenciones más atractivas, “Pensé que Iba a Haber Fiesta” toca un tema con posibilidades pero no es capaz de visitarlas todas, por más que sus personajes y tono puedan permitírselo. Herida por su ritmo, el resultado no es más que un juego de reparto que no consigue estallar en sus minutos finales, combinando con sus intenciones, sí, pero dejando un frio espacio en la esperanza de cualquiera en la audiencia.

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