26 de septiembre de 2013

CRÍTICA | ELYSIUM (2013)

Matt Damon en Elysium
Amparado por Peter Jackson, Neill Blomkamp fue capaz de mantener puro control de su multifacético debut, “District 9”. Esto impulso su estatus dentro del género y tal control vuelve a instalarse dentro de su nuevo proyecto, otorgándole a “Elysium” el mismo interés y estilo. Aunque sufriendo ante ciertos conflictos impulsados por las pretensiones equivocadas.

Construyendo una distopía 140 años en el futuro, la Tierra ha perdido todo su brillo y sufre una notable sobrepoblación. Crimen, abuso de fuerza y cierto salvajismo puebla las calles, y desde arriba en el espacio, los más ricos y afortunados miran desde lo más alto. Construida a fines del siglo XXI, la estación espacial, Elysium es el escape a todo conflicto en la Tierra, una solución viable y efectiva, solo accesible a ciertos afortunados que pueden permitirse un pasaje.

Establecidos ambos espacios, el más lujoso no solo mantiene una sociedad altamente civilizada y pacífica, sino que posee una salida a cualquier enfermedad o daño físico. Definitivamente el objeto mas codiciado desde abajo, cada habitante en Elysium tiene acceso a una camilla con el imposible poder de curar cualquier tipo de problema corporal, provocando aún más revueltas en el constante clima de injusticia que sufre nuestro planeta.

Así subraya Blomkamp la separación de clases y el acceso a la medicina, pero su siguiente paso se vuelve más convencional al adherir su línea principal. Matt Damon es Max, un ex-convicto que intenta reencarrilar su vida trabajando diariamente en un ambiente explotado. Aplastado por ese sistema, la posibilidad de salvar vidas se le presenta intentando salvar la suya, lo que lo dirigirá a una ruta que sin importar el inconveniente, deberá llevarlo a Elysium.

Creando un mundo inspirado y visualmente creíble, por tan metafórica que pueda ser,  “Elysium” es acción futurística en un buen día. Aprovechando su imaginación, el director y guionista vuelve a ser protagonista, dejándonos este simple planteamiento: Hemos visto esta historia en otro envoltorio y la seguiremos viendo en otros más, y de ser así, prefiero hacerlo de la mano de alguien como Blomkamp.

Técnicamente, por tan intacta y detallada que se vea, la magia se tuerza al analizar su interior, viendo que la comparación entre trabajos trae una ligera decepción para el director sudafricano. “Elysium” se ve como “Sector 9”, lo cual imprime el sabor otorgado a este cine, pero no trae la misma sensibilidad. A su vez, sus ambientes secos y calurosos son otra garantía de ese reflejo, solo que estos consiguen redimirse en originalidad al presenciar cambios en los diferentes ambientes.

Las reiteraciones de elementos también se notan en cuanto a tecnología. Donde todo suele ser brillante y limpio en las herramientas del día a día, el arte separa bien los conceptos al reencontrarnos con los objetos futurísticos más cubiertos de arena y polvo. Francamente, lo veo algo forzoso al repetirse, pero lo cierto es que el realismo vive ahí, al comparar la intocable y reluciente estación espacial y nuestro sucio y gastado planeta.

Cuando hablo de realismo y objetos, también me refiero a mucho del arsenal que “Elysium” va soltando por el camino. Si bien los rayos laser no dicen presente, la película acaba encontrando sus violentos atributos. Blomkamp disfruta reventado el cuerpo de más de una persona durante sus diversos combates, y por más que decida hacerlo con los pies en la tierra, el efecto sigue siendo caricaturesco, aunque increíblemente divertido de ver. No sé que puedo decir al respecto, si vas a introducir tiroteos en un futuro inspirado, suma algo más a la ecuación, y la película lo hace. De la forma más primitiva, sí, pero también la más entretenida.

Funcionando parcialmente bajo algo de resaltada violencia, el presupuesto despierta intriga. No existen tantos casos en que un presupuesto de este calibre sea otorgado a un proyecto así, sin antes bajarle su tono o sus intenciones. Pero Blomkamp es alguien a confiar con tu ciencia ficción, siendo capaz de reconstruir la película taquillera, y dejar un toque de ingenio, innovación y cerebro. Caso que podemos presenciar incluso analizando los errores que trae su distopía de siglo XXII.

Mucha de su actitud violenta se sirve de la cantidad de maldad que puebla el film. Entre tres villanos distintos, cada uno sirve a un propósito y se desenvuelven de distinta manera. Por un lado la villana de boca o de silla, si se quiere, con la que Jodie Foster pone un extraño acento, un empresario corrupto con William Fichtner y la frutilla de la torta en un Sharlto Copley pasándola bien. El protagonista de “District 9” es quien se come los escenarios, incluso con lo demente que resulta su personaje. Es el principal némesis de la cinta, y frente a un Matt Damon poniendo una cara seria y actuando el antihéroe, es el mejor de lo contrastes.

Al mismo nivel en que Blomkamp visito la crueldad y agresión humana con su anterior trabajo, el film retoma ese mismo concepto sin antes criticar el acceso al cuidado de la salud y el aislamiento entre clases. Los ejemplos son claros como cristal entre separar a la población de forma literal y poner a todo el tratamiento médico en único núcleo. Sin importar lo señalizado que este cada punto, extender su crítica no es algo que pueda leerse en su apretada agenda, lo que acaba culminando el asunto como una apetecible metáfora que aún se ve hambrienta.

En lo que concierne a este determinado campo, Neill Blomkamp tiene cuerda para seguir explotando sus devastadoras e inventivas visiones. Porque incluso su lineal premisa dentro de su inspirado universo consigue realizarse, sonriendo al verlo disfrutar mientras explota o sacrifica a sus personajes. Haciéndolo de forma tanto figurativa como literal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario