17 de agosto de 2013

CRÍTICA | EL CONJURO (2013)

Patrick Wilson y Vera Farmiga en El Conjuro
Si algo tiene que quedar claro con “El Conjuro” es que James Wan, conoce y sabe de terror. No estoy hablando de sangre, no me refiero a ruidos fuertes, no se trata de tomarte por sorpresa. El género debe funcionar como cualquier otro, debe involucrar e interesar a la audiencia, debe darnos personajes, debe construir una atmosfera, y en cuanto a asustar, no necesita hacerlo con dos o tres escenas específicas, sino con el sentido de alerta e incomodidad introducido en el espectador. Uno no tendría que vivir el miedo durante dos horas, sino que debe llevárselo consigo desde el mismo momento en que deja la butaca, y le doy las gracias a Wan y a su equipo, por darme esa exacta sensación.

Esto es terror del antiguo. Estoy hablando de pasillos largos, paredes crujientes, puertas rechinando y silencios perturbadores, para volver a contar la historia del demonio, espectro o fantasma. Al punto de basarse en un caso aparentemente real de los 70, “El Conjuro” quiere vivir en el pasado, desclasificando una historia revelada recientemente por los célebres parapsicólogos, Ed y Lorraine Warren (Patrick Wilson y Vera Farmiga). La cinta los pone a ambos frente a uno de sus casos más intensos, ayudando a la recién mudada familia Perron, localizada en una granja a las afueras de la ciudad.

Hay dos mitades del “El Conjuro”, la extensa promesa y la imparable intensidad de su respuesta. Distanciándose del terror que vemos a diario, y esto logro confundirme, el miedo está guardado en un cajón durante 60 minutos, confiando en que nos asustemos nosotros mismos, sin engañarnos usando solo sillas moviéndose o gatos maullando en una ventana. Y por más que me señalen otros miles de casos que empiezan de la misma forma, son pocos los que te recompensan debidamente, con material que funciona y que hace de sus horrores algo efectivo, especialmente cuando los revela. El punto muerto para miles de cintas atrapadas con un monstruo que a la larga no asusta.

Al igual que “Sinister”, otra favorita reciente del género, acá hay personajes humanos y otros incluso hasta desarrollados. Al basarse en un par de grandes personalidades de lo paranormal, los Warren son personajes fascinantes, con una historia real detrás de ellos, y un millón de misterios bajo llave, a los que solo se nos permite darle un vistazo. Todo esto le da más intensidad y riesgo al centro, que por otro lado, éste incluso podría ser la vida estas dos personas.

Más allá de la presencia y las vidas que llevaron estos dos investigadores paranormales, James Wan volvió a hacer visible la importancia que le da a los miembros de su historia, dándoles a Patrick Wilson y a Vera Farmiga algo con lo que trabajar, y algo con lo que atraer al espectador, que no solo busca las mismas sensaciones que le puede ofrecer una montaña rusa. Y profundizando desde ahí, más centrado en el guion que proponen Chad y Carey Hayes, hay unos 10 personajes con un propósito y una simpatía suficiente. La cual lo implica a uno en no querer verlos caer en las garras de los múltiples espíritus y apariciones sueltas en cualquiera de sus facetas.
Patrick Wilson en El Conjuro
En su preparación, “El Conjuro” gana puntos innovando en formas distintas de develar sus secretos, entre trampas elaboradas o sustos que no involucran ruidos fuertes. Incluso corriendo 40 años antes, esta historia carga con más ingenio en sus métodos por captar la atención. Y al igual que un buen plan, cuando este tipo de trampas empiezan a mover sus engranajes, se nos sirven escenas de gran dirección, que van más allá de un género o un susto. Entendiendo que Wan y sus colaboradores pretenden hacer cine y no solo atracciones de un par de horas.

Con la historia, el estilo también viaja unas décadas más atrás. Si bien le permite a uno decidir acerca de los hechos que ocurrieron en 1971, no hay momento en que su elenco y la misma película no se crean lo que está contando, introduciéndose y culminando con anticuados textos desplazándose por la pantalla, uno acerca de los hechos y otro con una cita del difunto Ed Warren. Lo que me lleva a decir que es ese último, el momento más tétrico dentro de su completa duración.

Sea real o no, hay que admitir que el relato cuenta con una amplia diversidad de elementos vistos del terror más clásico. Entre exorcismos, demonios, asesinatos, fantasmas y el simple miedo a lo inexplicado, con todo el mérito que puedo darle, la misma es casi demasiado conveniente al empacar todos los miedos imaginables en una sola caja. Pero cuidado, ésta es una que conocemos, pero que se abre de la forma correcta. No, no puedo decir que se gradué como un clásico en el género, dado que el mismo ha ido revolucionándose a partir de la novedad, pero tampoco puedo dejarla ir sin acreditarle el honor de usar los mismos elementos que han vuelto a fallar una y otra vez, dejándolos a todos bien parados. Que puedo decir, incluso logra revivir la gastada risa diabólica.

Como es usual, y suelo decir lo mismo de una comedia, el terror es un género que varía según el individuo. Pero incluso el más acostumbrado o cansado de ver fantasmas podrá sentir una incomodidad al apagar las luces habiendo visto “The Conjuring”. Una sensación que no puedo acreditarle ni al 90% del cine de terror que suele popular las pantallas cada año, y que a esta altura solo le pertenece a esa rara y tétrica joya que llega con paciencia. La única capaz de plantar algo más que un simple susto.

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