28 de julio de 2013

CRÍTICA | GINGER & ROSA (2013)

Elle Fanning y Alice Englert en Ginger & Rosa
Decir que “Ginger y Rosa” no tiene suficiente material, o profundidad, como para explotar esa amistad quebrándose al borde de una guerra nuclear, no es nada justo. Pero si evaluamos todas esas sensaciones en tiempos de alerta, se nota desde lejos que hay mucho más por contar además de una obvia necesidad por explotar personajes, y desbordar en drama.

Elle Fanning es Ginger, una joven inclinada por el activismo político y la poesía, al crecer en una Inglaterra a la sombra de la guerra fría. Por otra parte, Rosa (Alice Englert), su mejor amiga, a pesar de vivir la misma incertidumbre de un ataque nuclear, vive las cosas de otra manera. Viviendo como un espíritu libre y menos preocupado bajo la seguridad de su religión, ella no puede evitar esos comportamientos provocados por una adolescencia difícil. Estas actitudes pronto comprometen y corrompen el interior de su mejor amiga, forzando a esta última a madurar demasiado rápido.

Más allá de lo que pueda pensar acerca de los temas que trata, y de como lo hace, ésta es, antes que otra cosa, una pieza de actores y personajes. Barajando unas cuantas caras y personas sucumbidas por la época, “Ginger y Rosa” no trata tanto sobre la amistad entre las dos jóvenes del título, sino sobre la primera, y la forma en que debe afrontar las actitudes de aquellos que la rodean, así como ser capaz de elegir un camino por sí misma.

El drama que intenta transmitir no suele ser del todo convincente, obligándose a caer en la exageración de tal aspecto, lo que a la larga, solo consigue la obvia respuesta de la audiencia. No se trata tanto de ya haberlo visto antes, solo que en otro contexto, sino que la directora y guionista, Sally Potter, no parece tener demasiada confianza en dichos elementos, teniendo que agregar más y más a su mezcla, exagerando una situación puntal, que bien podría cargar con todo el peso de que la historia necesita.

Obviando los conflictos entre su amiga, su madre (Christina Hendricks) y su padre (Alessandro Nivola), Ginger es un personaje bastante interesante por sí mismo a medida que lo vemos crecer y hacer de su voz, digna de escuchar. Si descontamos todo ese drama familiar, aquello que más aprovecha su ubicación en tiempos de guerra fría es, naturalmente, su preocupación por la situación, y la forma en que ella y la otra joven  deciden actuar. Todo acerca del activismo que el personaje de Fanning sigue, funciona, y lo hace principalmente, gracias a la aparición de otros tres personajes interpretados por Timothy Spall, Oliver Platt y Annette Bening. Estos se llevan el premio no por mejores actuaciones, pero si iluminar la pantalla cada vez que entran en escena, deseando que apareciesen por más que solo 20 minutos.

Hay que lanzar el mismo crédito al excelente trabajo de Elle Fanning, quien carga con todo sobre sus hombros, y también al de Christina Hendricks sufriendo como la madre de Ginger. Ambas dan todo, resaltando un poco más a Hendricks, quien parece quedar un tanto eclipsada por la joven actriz. Y bueno, sobre Fanning... Vuelve a demostrarnos que es una cara que ésta acá para quedarse.

Sin importar lo que pueda decir acerca de donde falla, no puedo negar que la cinta esta visualmente cuidada. Además de contar con una cinematografía genial y la adición de una perfecta recreación de época (En la que su música también es clave), lo que más resalta es una proyección cristalina desde su primer fotograma. No tengo claro si sería por una proyección de mejor calidad o algo con lo que carga la película, pero se nota. Y digamos que dice algo, eso de que un drama independiente logre verse considerablemente mejor que muchas de las superproducciones en cartelera.

Una vez en sus momentos finales, puedo admitir que la fuerza se refleja bastante más, con otro de mis clímax preferidos en el que la tensión sube y todos los personajes se desahogan. De hacerlo bien, estos siempre funcionan, y ganan algo de respeto por mí parte, pero si bien, incluso con palabras finales también dignas de recordar, todo esto hace que las carencias den alguno que otro paso adelante.

Inyectar tanto en una aproximada hora y media debería tener algo más de poder, y ese mismo es fácilmente reconocible en sus minutos finales. Digamos que centrándose en los personajes, el elenco se luce y nos da algo para atarnos a esta historia de mayor potencial, que si bien dice algo, debería transmitir mucho más.

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