20 de julio de 2013

CRÍTICA | EL LLANERO SOLITARIO (2013)

Armie Hammer en El Llanero Solitario
Revivir personajes o historias míticas de la radio, televisión o comic, es uno de los trucos más recurrentes y simples de Hollywood. Es el siguiente paso a la falta de secuelas o material relacionado con algo más, y con tan poca imaginación y demasiado negocio de por medio, personajes como “El Llanero Solitario” nunca tendrán una representación digna.

Está multimillonaria adaptación del justiciero enmascarado, justamente, no representa nada parecido a la dignidad. Entre su tono desigual, una fuerte dosis de obviedad y absoluta incoherencia, no puedo decir que “The Lone Ranger” siquiera se acerca a un cine que no se maneje por la cansada formula, pero dentro de sus ámbitos pochocleros, y sensación de pura e inocente diversión, John Reid y Toro son lo suficientemente entretenidos como para distanciarnos de la multitud de problemas que tiene este extraño y disparejo western.

Narrada por su fiel compañero nativo americano, Toro (Johnny Depp), la leyenda de este Llanero Solitario nos lanza justo en el medio de su gran escala cuando el recién nombrado Ranger de Texas, John Reid (Armie Hammer) es emboscado junto al resto de los defensores de la ley. Dejado por muerto y casi enterrado por Toro, el destino lo salva, obligándolo a aprovechar esta segunda vida junto a este peculiar secuaz para cabalgar por justicia, en contra de los opresores y a aquellos que apretaron el gatillo en contra suya y sus aliados.

Desde su creación, El Avispón Verde siempre fue sobrino nieto de El Llanero Solitario, por lo que se torna bastante gracioso ver que las adaptaciones modernas de ambos se basen en la misma intención, por más que ésta se ejecute de formas muy distintas. En sí, se trata de tomar al personaje secundario y traerlo al frente, no necesariamente eclipsando al protagonista pero sí haciéndolo menos útil y por tanto con la necesidad de recibir ayuda. Entonces, con un Johnny Depp recibiendo la misma atención que el personaje del título, y además encargándose de narrar la historia, hay aspectos que se aprovechan más y hasta funcionan. Durante la mayor parte de la cinta, hay momentos humorísticos en torno a porque nuestro héroe usa mascara, y por más que sea un chiste la mayoría del tiempo, el sentimiento de un justiciero anónimo es establecido escuchando el relato de la boca un ya anciano Toro. Claro, siempre y cuando no nos topemos con alguno de los momentos  en que vemos  al llanero como un payaso que no pude aguantarse de tontear, y hay muchos…

A Armie Hammer le calza bien el sombrero y el antifaz, pero son esos momentos incensarios los que lo distancian de convertirse en un personaje más heroico, si bien el actor no carga con el problema, el cual se acredita a su bipolar guion. Éste es una balanza que no para de moverse y desequilibrarse, entre pesas saltando de un lado a otro, y otras directamente cayendo al suelo. Todo vale, y Justin Haythe (Solo un Sueño), Ted Elliot y Terry Rossio (Piratas del Caribe) quieren todo, entre comedia, heroísmo, y momentos de una violencia que no combina exactamente con chistes de caballos sobre árboles. Durante ciertos minutos, logra el balance entre un humor simple y su incoherencia justificada por el relato de Toro, pero no es hasta la últimos 40 minutos en los que se centra en un rumbo claro, el hecho es que película acaba por concluir a los 150 aproximadamente.

Aclarada la incesante molestia que se presenta viéndola, hay algo de grandeza que si es reflejada en pantalla. Hammer, Depp, Gore Verbinski, y Hanz Zimmer aceptando regresar a un clásico musical con la obertura clásica de Guillermo Tell, si se combinan a favor, y cuando funciona, lo hace grandiosamente. Su secuencia final, la cual se centra en dos trenes corriendo en paralelo al ritmo de la obertura modificada por un Zimmer que deja de jugar con sus tonadas de “Sherlock Holmes”, es viva prueba de esto, y si bien se trata del último respiro, él mismo cuenta bastante, dejando un buen sabor de boca al salir, capaz de hacer olvidar alguno de los problemas claramente visibles.

Verbinski ya fue capaz de darnos un western satisfactorio con “Rango” por lo que sabemos de qué es capaz, y su corazón está en el lugar correcto, si bien su editor y guionistas le tiran de los pies. Su mano también es visible entre la acción y la escala, pero ese tamaño no es correcto, viéndolo como algo demasiado grande para su propio bien. Uno puede aceptar las dos secuencias masivas sobre trenes, y la necesidad de sumarle humor, pero hasta ahí. Tratando de complacer a todos a la vez, por más que el director respete el género del western, esto no es “Piratas del Caribe”, y no debería serlo.

Si se quisiera continuar con las comparaciones con la enrome franquicia de Disney, estaba preocupado de que tuviéramos a un Johnny Depp calcando a su personaje en esa serie, solo que por los paisajes del viejo oeste, al volver a verlo con algunos kilos de maquillaje sobre la cara. Pero lo cierto es que Depp no solo se separa lo suficiente del otro personaje, sino que hace a este igual de simpático, si bien obviamente, menos interesante.

Marcando casi dos horas y media en el reloj, no puedo decir que la abandone por duración, dado que incluso entre sus momentos más tontos tenía lugar para palmearme la frente, debido a sus metidas de pata, que son cualquier cosa menos chicas. Ahora, decir que es larga y no se sienta necesariamente no quiere decir que no sobre media hora de todo el asunto, entre personajes completamente eliminables y situaciones que no aportan nada, o peor, que juegan directamente en contra (Los estoy mirando a ustedes, conejitos caníbales).

Es un fantástico error. Fascinantemente mala cuando no sabe lo que está haciendo y bien entretenida cuando hace las cosas bien. Queriendo hacerlo todo, no existen momentos en que perdone sus obstáculos, pero hacer que los olvide momentáneamente es suficiente entendiendo la magnitud de los mismos. Quizá sea un placer culpable, pero cualquier largometraje con tantos problemas que logre cumplir nada menos que 150 minutos sin desear una emboscada es algo distante de un acierto, pero lejos de una catástrofe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario