17 de junio de 2013

CRÍTICA | PALABRAS ROBADAS (2012)

Bradley Cooper y Jeremy Irons en Palabras Robadas


“The Words” tiene el ritmo y estructura de una novela. Una que juega con las decisiones de un escritor y el resultado que conlleva ensuciarse las manos para conseguir el éxito, pero ni sus palabras ni el interés que brinda son capaces de simular la sensación de leer algo que valga la pena.

Desplegándose en tres historias mezcladas entre sí, la cinta se centra en un escritor (Bradley Cooper) que sufre el rechazo de su más reciente novela y afronta las consecuencias de nombrar como suya una historia anónima descubierta por pura casualidad. Esas páginas que él reescribe sin cambio alguno se vuelven una sensación al igual que su nombre, pero la decisión de manchar su reputación no tarda en traer consecuencias que desatan los otros dos tercios. Por arriba, el relato del autor detrás de la historia principal (Dennis Quaid), y debajo, la historia detrás del autor de las paginas anónimas (Jeremy Irons/Ben Barnes).

No hay ningún misterio en su argumento ni en sus fallos. Por más que cargue con conceptos interesantes y llenos de posibilidades, “Palabras Robadas” intenta otras cosas con ellos, en vez de ir a lo seguro. Eso es algo que siempre estoy dispuesto a respetar, pero solo acaba por jugar en su contra a medida que todas las historias están en juego, y uno no hace más que perder interés por cada una de ellas. Aquella que tiene a Cooper de protagonista tiene un nivel narrativo común y se posiciona en el centro dado que de las otras, una cuenta como un recuerdo extenso y la otra solo con sucesos de una sola noche. Es más, esa última no presenta problemas al inicio dado que es la que abre la película, pero el capítulo restante aprovecha de más su bienvenida, y todo lo redimible empieza a olvidarse.

No es que este recuerdo protagonizado por Ben Barnes encarnando a un joven Jeremy Irons este mal ejecutado, creo que podría hasta decir que tiene cierto encanto, pero es un desentono innecesario. En sí la caída del protagonista se presenta lo suficiente jugosa como para cargar con el peso, y no estoy diciendo que el personaje de Irons nunca debió haber hecho presencia, pero no puedo sacarme de la cabeza el hecho de que la cinta no parece saber que más decir al recurrir a tal elemento.

Con todo mi desinterés, no puedo dejar pasar el hecho de que hay un fuerte elenco a disposición acá. Cooper tiene lo que se necesita para protagonizar y si bien no termina de encabezar la película, sí hace de su  escritor desesperado y atormentado algo que seguir. Me opongo a la forma de contar esta historia por eso dado que Cooper hace lo suficiente como para interesarnos por él y su decisión, pero a la hora de lidiar con ella, Cooper ya no es el centro de atención y el relato se pierde. En las otras dos, tenemos a un buen Dennis Quaid, un mejor Jeremy Irons y un Ben Barnes que no transmite de más. Acompañando a cada uno de ellos, cada historia también tiene su protagonista femenina y por más que los nombres de Zoe Saldana y Olivia Wilde suenen más familiares, la que más destaca es Nora Arnezeder al poner interés sobre el segmento menos importante.

Además de su promesa inicial, el final es el mejor momento al ver de cerca aquello que se prepara para revelar, por más obvio que sea. Todo esto es creado por el relato protagonizado por Dennis Quaid y Olivia Wilde, el cual se vuelve de más interés entre un relato de amor en tiempos de guerra, y la historia apurada de un autor culpable de plagio. Yo me quedo con esas dos personas con motivos para hablar, porque al menos sueltan esporádicamente algún que otro dialogo resaltable. Y que me vea dispuesto a inclinarme por ese lado con todo lo que trata de introducir es un fallo. No los puedo culpar por intentarlo, sí, pero no pueden culparme por perder el interés una vez que es hora de volver al presente.

Si uno busca una película acerca de un escritor en problemas con una solución arriesgada, protagonizada por Bradley Cooper, que mire “Sin Límites”.

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