22 de junio de 2013

CRÍTICA | NADA ES LO QUE PARECE (2013)

Dave Franco, Isla Fisher, Woody Harrelson y Jesse Eisenberg en Nada es lo que Parece
Alguien ya tiene que haberlo dicho. “Nada es lo que Parece” es similar a los trucos de magia que intenta simular, así como cualquiera de los que alguien haya visto. Estos son sorprendentes, pero una vez revelado el secreto detrás de ellos, la magia ya no es la misma. Pero en lo que me concierne, es satisfactorio ver que la misma al menos dice presente.

El truco reúne a cuatro magos o variantes de uno. Uno corriente (Jesse Eisenberg), una escapista (Isla Fisher), un mentalista (Woody Harrelson) y un embustero callejero (Dave Franco) que usa la magia como distracción. Estos cuatro son reunidos mediante una figura anónima con el fin de poner en marcha un truco masivo a cambio de un lugar en una sociedad selecta de magos, denominada “El Ojo”. Así es como avanzamos un año hasta la vuelta del cuarteto bajo los focos de un espectáculo en Las Vegas, y precisamente, en su primer función hacen de sus nombres algo memorables, elaborando una ilusión en la que roban tres millones de euros a un banco en parís,y lo hacen llover entre todos los espectadores. Así es que con las miradas del mundo entero sobre ellos, e incluyendo las del FBI, los cuatro jinetes, como se hacen llamar, preparan las siguientes fases de un truco complejo y repleto de giros.

Sus vueltas implican tanto coherencia como incoherencia, así como la necesidad de poner una cada 10 minutos por lo que la naturaleza de esta historia tiene que verse con ojos de exageración e imposibilidades. Así es que en vez ser un thriller que te mantiene preguntando como fueron “El Gran Truco” o “El Ilusionista”, “Nada es lo que Parece”, si bien carga con una premisa muy fuerte, es  cine taquillero. Pero cuidado, esto no la elimina, teniendo en cuenta  que evade las clásicas pretensiones de ser algo más.

No puedo apoyar las decisiones que los guionistas Ed Solomon, Boaz Yakin y Edward Ricourt acaban tomando, pero uno no puede pasar por alto la cantidad de comentarios o diálogos desde agiles a cómicos entre esos cuatro protagonistas mientras realizan esa fachada de la persona más inteligente del cuarto. La clave con estos es ubicarlos unos cuantos pasos más adelante el resto, planeando y burlando al FBI, o más bien a Mark Ruffalo, quien cae por cada una de las tretas en el camino. Solo verlo combatir con Dave Franco, quien usa trucos de magia en su contra, es lo bastante divertido, además, este es uno de los momentos inventivos que tiene la cinta, los cuales si son constantes, por más que no pueda explicarlos o señalarlos como del todo inteligentes.

No todo lo que aparece en pantalla es explicable y ciertamente es enseñado buscando casi lo contrario, pero la película hace lo mayor posible para explicar esos trucos de magia a la audiencia. Así es como el espectador  tiene la oportunidad de disfrutar la narrativa y a la vez encontrar una forma de jugar con la cinta. Desde el primer minuto, la película inicia un show de magia con la audiencia y no es que todos los trucos estén principalmente jugando con nosotros, pero verlos explicados y encontrarnos con revelaciones en plan “Ahora me ves”, como debió ser traducido el título, permite que nosotros interactuemos con una experiencia que por más incoherente que sea, es creíble dentro de lo que se va presentando. Pero hay que prepararse para pasar por alto unos cuantos saltos de lógica.

El ritmo es tan ágil y dinámico que no se nos presentan suficientes respiros como para sobre plantearnos algunas cosas y no es hasta los 15 minutos finales en que directamente vemos esos puntos capaces de crear pánico entre los motivos de cada personaje. Sin ir más lejos, los motivos de las cuatro figuras principales penden de un hilo por mucho tiempo y una vez que llega el momento de recompensar a la audiencia, no hay nada que de verdad justifique todos los actos cometidos por ellos. Si estuviera en mano del elenco, el cual esta repleto de caras conocidas y talentosas, podría haber posibilidades de un final más redondo. Es un comentario debido al trabajo de uno de los protagonistas llegado el final y viendo que fui capaz de creerme todo lo que fue explicando, podría haberme creído cualquier cosa de la boca de otro. Además, seguro hubiera sido mejor que una escena un tanto intrascendente.

Una vez afuera de la sala hasta yo me puse a repensar todo y a detectar bastantes tonterías, pero que su ritmo aplastante no me lo haya permitido una vez en marcha siguió manteniendo intacta mi opinión general. Es inventiva e incoherente, pero ante todo, entretenida. No hay momento en el que sus dos horas me obligaran a mirar el reloj, y con sus explicaciones, por más que no sean las mejores elaboradas, a diferencia de todos los personajes presentes, no me sentí engañado.

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