21 de enero de 2013

CRITICA | DJANGO SIN CADENAS (2012)

Christoph Waltz y Jamie Foxx en Django Sin Cadenas
“Bastardos Sin Gloria” concluía con Aldo Raine soltando la frase, “Creo que esta es mi obra maestra”, y admitiría que en los últimos tres años, pensé que esa línea era la más acertada de toda la película. Aunque, a Tarantino no le hace falta una frase como esa en el estado en que se encuentra como cineasta, lo único que hace falta es ver con que llena la pantalla en cada ocasión, por lo que “Django Sin Cadenas” no necesita una línea así. Su obra maestra ya dice suficiente.

Uno no puede más que asentir la cabeza ante un trabajo que plantea algo diferente y variado, y que cumple cada uno de sus objetivos. El hecho es que no hay nadie más que pudiera convertir un homenaje al western en una suerte de comedia sobre venganza que retrata con crudeza los horrores que causo la era de la esclavitud, con absoluta confianza y decisión en lo que hace. Es por eso que Tarantino trae con “Django” su más entretenido y más maduro film hasta la fecha, porque por más caricaturesco y humorístico que se pueda poner por momentos, la crudeza y realidad están intactas en su recreación de la época, y lo que bien podría acabar siendo ofensivo, es tratado con total respeto dentro de la genial locura de Tarantino.

Tal como en “Bastardos Sin Gloria”, “Django” es un retrato de una víctima enfrentándose a sus múltiples opresores, pero en vez de judíos contra nazis, esta es la romántica lucha de un esclavo afroamericano llamado Django (Jamie Foxx) contra los blancos que se proclaman amos de los negros.

Conocemos por primera vez a Django como un esclavo de un par de hermanos, pero no pasa mucho tiempo hasta que el dentista convertido en cazador de recompensas, King Schultz (Christoph Waltz), libere a Django de la esclavitud. ¿Porque? una simple razón, él conoce los rostros de los hermanos Brittle, y ellos tres valen mucho dinero, vivos o muertos. Es así que Django parte junto a Schultz, y a medida que trabajan juntos, ambos preparan su siguiente movimiento, rescatar a la esposa de Django, Broomhilda (Kerry Washington). Su misión acaba llevándolos a Candyland, la plantación del despreciable Calvin Candie (Leonardo DiCaprio), el actual dueño de Broomhilda.

Con una extensa duración de casi 180 minutos, “Django Unchained” nunca desperdicia sus oportunidades y siempre tiene algo guardado en su manga porque no hay un segundo desperdiciado en el western de Tarantino. Y así como su dirección sigue tan ágil y creativa como siempre, sus palabras son las protagonistas, porque esta es otra prueba de que nadie escribe diálogos como Tarantino, tan audaces, tan fuertes, tan graciosos y tan interesantes de escuchar, nadie puede igualarlos. Las interacciones y diálogos tensos son lo más cautivante, porque realmente no hay nadie que pueda imaginarse el siguiente comentario o decisión a la vuelta de la esquina.

Es una mezcla única de todo lo que Tarantino hace con sus películas. La combinación de géneros es peculiar como pocas, y ver que todo funciona como debe, es realmente algo aún más extraño de ver. Pero lo que más sorprende de su impresionante historia, es la madurez que demuestra Tarantino al situarse frente a un tema muy frágil. La esclavitud no fue ningún juego y por lo general, mucho de lo que Tarantino enseña referido a la violencia es una diversión, pero en esta oportunidad, hay una enrome línea que separa ambas y es que “Django” carga con momentos que realmente golpean fuerte debido a su crudeza, seriedad y contexto, como es ver a dos esclavos pelear hasta la muerte como entretenimiento deportivo para el personaje de DiCaprio, quien lleva consigo un martillo para que el ganador le quite la vida al vencido.

Es fácil decir que Leonardo DiCaprio y Samuel L. Jackson dan vida a dos de los personajes más ruines y desagradables que he visto en algún tiempo. Candie podrá ser simpático, pero su vil comportamiento lo hace alguien demasiado odioso, y uno no puede sentir otra cosa que ira a medida que DiCaprio deja todo en un personaje realmente difícil de interpretar debido al horror que conlleva el interpretar a alguien que no tiene ni una pisca de humanidad.

Así como DiCaprio lleva al límite a su desagradable personaje, Samuel L. Jackson es Stephen, alguien que aparece recién en la segunda mitad de la historia, y que es horroroso, pero por motivos totalmente diferentes. Stephen es un esclavo que siempre ha cuidado y acepta todas las decisiones de Candie, como una forma de supervivencia durante los años. Es entonces cuando la cruda realidad de la esclavitud pega durante la cinta, porque el personaje de Jackson es realmente incómodo y cobarde, pero admito que Jackson me tuvo riendo durante varios minutos.

Es así que Tarantino no toma las mismas chances de siempre, y crea dos villanos que no son para nada agradables y que son, de principio a fin, odiables, pero que aún son el centro de atención en cada ocasión que aparecen. Sin embargo, los personajes más queribles  se sientan del lado de los buenos en esta oportunidad, y quien fue un divertido nazi en “Bastardos Sin Gloria”, Christoph Waltz, sigue soltando los diálogos de Tarantino con la mejor profesionalidad, y no hay ni una sola línea que no funcione cuando Waltz la dice. Junto a Jamie Foxx, ambos tienen una enrome química, y si bien me encanta el personaje de Django, el Schultz de Waltz se roba todas las escenas en las que hace presencia, lo que le roba un poco de protagonismo a Foxx, pero nunca se presenta como un problema.

Aun con su madurez, su homenaje al género del western y su descomunal violencia, el principal objetivo de Tarantino es tener a su audiencia inmersa y entretenida como lo ha hecho siempre, y una vez más cumple su tarea con total confianza. Hay algo para todo el mundo en “Django”, pero es fácil caer en sus garras y dejarse llevar por su poco ortodoxa interpretación del género. Es una visión moderna y entretenida de un género que empieza a revivir, y como es de esperarse, nadie lo hace como Tarantino, y es difícil despegar los ojos de la pantalla, y borrar la sonrisa después de concluir esta sangrienta y magnifica historia.

1 comentario:

  1. Me encanta esta película, a pesar de tratarse de una película que refleja un tema fuerte como lo es la esclavitud , me gusto la cinta de Quentin Tarantino, aunque maneja muchas escenas cargadas de sangre, de disparos y de pelas que deja cierta moraleja sobre estos temas polémicos.

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