26 de noviembre de 2012

CRITICA | EL CÓDIGO DEL MIEDO (2012)


Los explosivos vehículos protagonizados por Jason Statham  han ido volviéndose más monótonos con cada oportunidad, y con su esfuerzo más reciente no entramos en ningún territorio nuevo, pero “Safe” tiene suficiente vida para justificar la presencia de una pistola en las manos de Statham, a medida que dispara y deja docenas de cuerpos tiesos una vez más.

Statham es Luke Wright, un hombre que ha tenido diferentes episodios en su vida que lo han llevado a convertirse en un arma mortal, pero tras muchos problemas, él acaba en el mundo de las artes marciales mixtas, aunque luego de fallar en un combate arreglado, las cosas se ven peores que nunca para él. Un grupo de mafiosos rusos matan a su esposa como castigo, y ellos se ocupan de que Luke viva una vida sin placeres ni contacto con otros.

Sus vagos paseos por la ciudad de Nueva York eventualmente lo reúnen una vez más con los responsables del asesinato de su esposa, a medida que ellos persiguen a una pequeña niña por el metro de la ciudad. Involucrado en algo mucho mayor de lo que pretendía, Luke se verá obligado a cuidar de la niña, quien guarda una clave esencial para distintos grupos de la ciudad.

Dado que presenta un argumento un poco más elaborado de lo común, el cual no se refleja en el pequeño resumen de arriba, “Safe” se aprovecha demasiado de esa bienvenida y toma un poco de tiempo para que la acción entre en juego, así como el entretenimiento, dado que la primera media hora es un poco tediosa con una extensa introducción a esa historia.

Así como tarda en despegar, una vez que lo hace, “El Código del Miedo” cambia por completo su funcionamiento y se vuelve una película de acción de pared a pared, con su violencia, humor tonto por parte de Statham y un sinfín de golpes y disparos. La paciencia también es recompensada con un desentonaste pero muy notable cambio de tiempos, el cual salta del punto A al punto B en solo algunos minutos.

La dirección de Boaz Yakin (También responsable del guion) se hace presente y es otro de los puntos de vista más recordables en el resultado. Yakin maneja bien su propia historia, pero por más de que esta sea un poco más desarrollada, no quiere decir que sea compleja, y uno de sus defectos es el hecho de que complica momentos que son simples y al final del día, hay cosas que no cuadran del todo. Por otro lado, el director juega satisfactoriamente con algunas tomas largas, las cuales le dan un toque especial a “Safe”, él cual no necesariamente atrae a cualquiera, pero si se gana a su público.

El ritmo mantiene presencia y tras la introducción no hay un solo momento de respiro, lo que aleja los ojos de sus debilidades. Junto con su agilidad, el carisma y presencia de Statham se encuentran tan intocables como siempre, y junto a Catherine Chan, su joven compañera, la película logra poner a una pareja muy dispareja en el centro, debido a la química que ambos mantienen.

Otros detalles interesantes incluyen el uso de una melodía especial para el personaje de Luke (lo cual siempre aprecio), una cantidad incontable de muertes y una linda dosis de violencia, la cual no falta cuando Luke se pone a trabajar. Así como hay mucha, la acción también sabe ejecutarse y además de otros momentos, un largo tiroteo en un casino es la frutilla de la torta, la cual no divierte por la interminable cantidad de villanos que salen por puertas, ventanas y de debajo de las mesas.

En cuanto al resultado, la intención de Yakin fue innovar un poco lo que ya hemos visto, de eso no cabe duda. Ahora, él cumple su objetivo, pero con todo dicho, esto sigue siendo más de lo mismo. Y si hay un buen sentido a esa frase, “Safe” se lo merece, pero pasado eso, no hay mucho más que agregar. Es lo que se espera que sea, solo que con un par de extras.

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