25 de octubre de 2012

CRITICA | ARGO (2012)


Desde el momento en que dirigió “Desapareció una Noche” en 2007 supe que Ben Affleck tendría un futuro en Hollywood, mucho mayor al que ya estaba viviendo, pero dicho eso, parecería que subestime su capacidad como cineasta. Luego de abarcar territorio conocido con la excelente “The Town” (2010), Affleck deja a los policías, los criminales y las calles de Boston, y establece su alcance como director, contando una tensa historia real sobre la desesperación, la esperanza y la valentía, acompañada con una visita al Hollywood de los 80. Con ”Argo”, Affleck logra tres de tres.

Empezando en 1979, “Argo” comienza por relatar los sucesos ocurridos en Irán, durante la revolución desatada en ese mismo año. Los manifestantes y ciudadanos de Tehran atacan la embajada estadounidense llevándose a 52 rehenes con ellos, pero entre el caos, seis funcionarios americanos logran escapar, encontrando refugio en la casa del embajador canadiense.

Pasados algunos meses, la CIA comienza a plantearse el rescate de estos seis estadounidenses, quienes sin poder mostrar sus caras, han estado viviendo en la misma casa que los acogió desde el principio. A su vez, la central de inteligencia llama a Tony Mendez, (quien está bien interpretado por el mismo Affleck), un especialista en rescates, que tras evaluar la situación, duda sobre la posibilidad de salvar a estos funcionarios, ya que cualquiera podría acabar siendo una misión suicida. Sin darse por vencido, Mendez acaba elaborando un plan de pura inspiración accidental, unon tan excéntrico, que podría funcionar. Hacer pasar a los seis americanos por cineastas canadienses que quieren filmar una película en el país Iraní.

Affleck introduce “Argo” de esta forma, mostrándonos que está en juego y cuál es la situación en Tehran, haciendo un gran trabajo de recrear un hecho histórico que uno comienza a cuestionarse a medida que el plan hollywoodense se pone en marcha. La primera hora es preparación para lo que sigue, la cual, exceptuando los primeros 10 minutos, podría provenir de otra película totalmente diferente. Affleck y el guionista Chris Terrio tratan toda la situación con bastante humor en esta primera parte, especialmente a media que viajamos a Los Angeles a conocer a los responsables de hacer una película que nunca existió.

“Argo”, el supuesto film que Mendez pretende llevar a cabo en Irán, es una clásica copia de lo que fue “Star Wars” y “Star Trek”,  y para que su cubierta funcione, primero tiene que ser creída por todo el distrito de Los Angeles, por lo que cuando vi a unas copias de R2D2, C3PO y el emperador Ming (Lo cual no tiene mucho sentido debido a que “Flash Gordon” se estrenó sobre finales del 80), acompañados por una suerte de Chewbacca azul, como personajes de esta ciencia ficción cliché, no pude controlar mi risa. Todo el proceso que lleva poner esta película en el mapa mantiene ese mismo tono y consigue algunas sonrisas por parte del público.

Algunas carcajadas y miradas a Hollywood después, “Argo” se convierte en la máquina de tención y drama que pretende ser en sus primeros minutos. Lo cómico del plan se va por la borda a medida que los seis fugitivos se enteran de que esta tonta película es la única posibilidad de escapar a una muerte segura, y las sonrisas, se convierten en fuertes latidos de corazón a medida que está cubierta trata de sacarlos de Irán. Lo mejor que ofrece “Argo” es su ejecución. Sin tomar en cuenta el hecho de que su preparación es brillante, la recompensa una vez comenzado el plan es sublime y pondrá a más de uno al borde del asiento mientras respira lo más hondo posible.

Ben Affleck dirige a un impecable reparto en un film que sin duda alguna recorre todas las emociones posibles sin incomodar, ni tratar a su argumento con poco respeto. Los detalles están cuidados, el guion es muy fuerte y sinceramente no presenta ningún problema salvo el hecho de que me cuestiono la realidad de una historia que claramente fue un poco decorada para la pantalla grande. Este es el mejor trabajo de Affleck hasta ahora, y quien sabe a donde será capaz de llevarnos la próxima vez, lo único que tengo claro, es que lo seguiré a donde sea.

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