11 de septiembre de 2012

CRITICA: ABRAHAM LINCOLN: CAZADOR DE VAMPIROS



Supongo que debería empezar admitiendo que cualquier idea tan bizarra y disparatada como el argumento de “Abraham Lincoln: Cazado de Vampiros” inmediatamente captaría mi atención. A partir de ahí solo seria un asunto de cumplir en su exagerada promesa, y donde el nuevo film de Timur Bekmambetov (Se Busca) funciona es en cumplir con sus promesas al entregándonos 100 minutos solidos de sangre, vampiros y el deísmo sexto presidente de Estados Unidos en toda su gloria.

Basada en la novela del mismo nombre escrita por Seth Grahame-Smith, esta ficción relata la vida de Abraham Lincoln, alterando su biografía radicalmente al incluir elementos sobrenaturales en los acontecimientos históricos por los que es tan recordado.

Empezando desde sus primeros años, el inicio deja claras las intenciones del film mientras presenciamos la muerte de la madre de Abraham a manos de un vampiro. El pequeño Lincoln queda a cargo de su padre y algunos años mas tarde este también fallece, aunque su muerte no resulta tan trágica para un ya adulto Abraham.

Solitario, y con sed de venganza tras la injusta partida de su madre, decide enfrentarse al culpable, conocido en el pueblo como Jack Barts. Emboscándolo en los muelles, Lincoln enfrenta a Barts, pero sin preparación alguna, Abraham debe ser salvado por Henry Sturgess, un hombre con el que solo había cruzado unas palabras. Tras recuperarse de sus múltiples heridas luego de su enfrentamiento, Lincoln despierta en la vivienda de Sturgess, quien le explica la verdadera identidad de Barts y la naturaleza de los vampiros, con el fin de convertirlo en un cazador de estas criaturas.

Después de un arduo trabajo y entrenamiento en combate, El honesto Abe se instala en Springfield, esperando las instrucciones de Henry sobre sus misiones como cazador, impaciente por saber cuando tendrá otra oportunidad de enfrentarse a Barts. A partir de ahí las cosas se tornaran mas complejas para Lincoln mientras corta varias cabezas y comienza una lucha mucho mayor en la política al intentar acabar con la esclavitud.

Dando por asumido lo ridículo que suena este argumento, “Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros” mantiene su cara seria en todo momento. Eventualmente hay humor en algunas escenas que lo requieren, pero con su exagerada trama uno esperaría ver una mirada directa a la cámara, seguida de alguna frase patética en busca de risas por parte del público, pero no, el film sacrifica todo eso y va por algo más difícil, que lo tomen casi en serio.

No, no es mi caso, es difícil tomarse muy seriamente todo esto, pero es de gran ayuda para entrar en la trama y disfrutar de ella, no solo esperar a la siguiente escena de acción entre el difunto presidente y un chupa sangre más. Esa es la clave, la narración es tan consistente y bien realizada como la acción. Ambos elementos se balancean perfectamente y no hay segundo desperdiciado, siempre esta pasando algo en la pantalla, ya sea algo que avance la absorbente historia o que deslumbre con su acción retocada por efectos especiales y exagerada violencia.

El guion no es gran cosa y excepto por  un par de momentos, no es tan ingenioso como quiere ser. Aun así, los mediocres diálogos son repartidos con fuerza por parte de un reparto más que formidable. Benjamin Walker logra cargar el film como Lincoln y prácticamente todos sus coprotagonistas hacen un labor igual de bueno. Sin embargo,  cuando se trata de destacar, diría que Dominic Cooper como Henry Sturgess es quien mantuvo mi interés, tanto por su entretenida actuación, como por el hecho de que interpreta al personaje mas interesante de toda la cinta.

El film esta muy cuidado en su propia estética, y las divertidas y estilizadas escenas de acción aprovechan ese aspecto al máximo combinando toneladas de sangre y slow-motion. Diría que Bekmambetov sabe como entregar una buena y gran conclusión, dejando lo mejor para el final con un asombroso y emocionante enfrenamiento sobre un tren, que para mi asombro se ve perfectamente en 3D, no como sospeche en un principio por ser un final a oscuras.

A pesar de que muchos aspectos están alterados, Abraham Lincoln cuenta con una historia más que rica, y coloreándola con vampiros, hay más que suficiente para contar, pero es ahí donde encontramos su mayor fallo, el manejo de tiempos. Es increíblemente difícil narrar mas de 50 años en solo 100 minutos sin apurar muchos puntos del argumento o sacrificando material con potencial, y si bien el film hace un buen trabajo en su edición, esa hora y media se sintió apurada y no me hubiera molestado una duración mas extensa para poder tomarnos un respiro entre escena y escena.

Los aciertos son lo suficientemente fuertes como para eclipsar unos cuantos fallos, que por otra parte no deberían generar tanta importancia en un film como este. Podría haber sido algo mas, si, pero logra lo que prometió en un principio e incluso sorprende con algunos de sus componentes. Es un film demasiado entretenido como para juzgar demasiado y si uno pasa por alto su ridículo argumento (Lo que debería hacerse antes de presentarse en la boletería), el buen rato esta asegurado.

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