![]() |
| Leonardo DiCaprio y Tobey Maguire en El Gran Gatsby |
Uno de los principales temas de “El Gran Gatsby”, de Scott Fitzgerald, es el pasado, y tal y como
se lo describe, el mismo sigue apareciendo durante nuestras vidas y se
transforma en consecuencia para nuestro presente y futuro. Habiendo dicho eso,
han pasado casi unos 100 años desde la publicación de la novela, pero su
historia sigue vigente y sigue tirando de nosotros. Es así que la más reciente
adaptación de esta inmortal historia de poder, amor y tragedia, la cual se
atreve a introducir incontables elementos modernos, sigue siendo capaz de
recrear esos temas principales. A medida que la novela sigue más que viva, Baz
Luhrmann lleva su espíritu todavía más lejos, adaptando a nuestro tiempo,
aquello que es eterno.
Nueva York, 1922. Nick Carraway (Tobey Maguire), un escritor
frustrado y nuestro narrador, se instala en Long Island, en búsqueda de una
nueva vida en la reluciente ciudad de las oportunidades. Trabajando como vendedor
de bonos, Nick alquila una encantadora cabaña en West Egg, la cual, casualmente
se encuentra pegada a la masiva mansión del misterioso Señor Gatsby (Leonardo
DiCaprio). Todas las noches el hogar de su vecino se llena de luz y atrae a toda
Nueva York para disfrutar de su gran hospitalidad como anfitrión de las fiestas
más grandiosas y exuberantes de la ciudad. Presenciando estas elaboradas reuniones
más de cerca, una pregunta empieza a rodear la cabeza de Nick acerca del
individuo que todas las noches lo vigila desde una de sus ventanas, ¿Quién es
Gatsby?
Decir que esta versión de “El Great Gatsby” será la
verdadera adaptación de este clásico americano es demasiado. Cualquiera que
intentara convencerme de una mejor retratada, se lo creería, pero no habrá
ninguna capaz de interpretar el trabajo de Fitzgerald como lo hace la ambiciosa
visión de Luhrmann. La fuerza de sus reflexiones sigue intacta, y a la larga es
lo que más me preocupa en cuanto a qué debe prevalecer de esta obra, pero
cuando se trata de la narrativa y la reconstrucción de la época, el director
impuso su estilo. Respetando el lugar de sus elementos, Luhrmann no intenta
recrear cada escena como la describe el libro, sino que se ocupa de hacernos
sentir cada una. El haber vivido en la época del jazz debe haberse sentido como
presenciar la Nueva York de este “Gatsby”. Sus relucientes y vivas esquinas,
así como la sensación de grandeza y oportunidad, no se ven en pantalla, se
viven al ser introducidas con los aspectos que el siglo XXI identifica con lo sentido
en los momentos mágicos del 20. Transformando ese jazz en tonos mucho más
modernos, la música es uno de esos elementos utilizados para crear la sensación
que describo. Obviamente, mucho acabara yendo por gustos, pero ese soundtrack organizado
y liderado por Jay-Z intenta ayudarnos a identificar el sentimiento de la época,
y pasados unos minutos, uno no cuestiona tales elecciones, sino que se deja
llevar por ellas.
El tomar las fabulosas y tupidas fiestas de Jay Gatsby, y transformarlas
con ritmos actuales y música moderna, no tratan de recrear, sino de encontrar
esa sensación única de ir a lo de Gatsby, y el porqué de la grandeza de sus
fiestas. Entre los brillantes colores y múltiples fuegos artificiales, se nos
introduce al gran Jay Gatsby, y con solo 5 segundos tenemos ante nosotros el
límite de la exageración, al presentar al personaje con un tono prácticamente
fantástico. Y si bien esto se escapa de la imaginación del director, Fitzgerald
lo describió como una persona más grande que la vida misma, quien ha llegado a sentirse
en la cima del mundo, y que tendría una entrada tan triunfal como esta. Esa es
la excusa de los brillos, los tonos y lo extremadamente dinámico, Luhrmann
interpreta acertadamente y pone en pantalla no tanto lo descrito sino su sensación.
Lo sentido por alguien que no cumple con todas sus expectativas, pero si tiene
la mente en el lugar correcto.
![]() |
| Elizabeth Debicki, Joel Edgerton, Carey Mulligan y Tobey Maguire en El Gran Gatsby |
Hablando de alguien que se sintió en la cima del mundo, o
bueno, más bien como el rey del mundo. El Gatsby de DiCaprio es pura
perfección. No solo emula con elegancia su actitud y su frase personal cada vez
que un “Old Sport” (Viejo Amigo) se escapa de su boca, sino que uno puede ver
esa esperanza en su forma de hablar y en su cara a medida que le revela sus
intenciones al Nick de Tobey Maguire. DiCaprio se convierte en lo mejor de toda
la cinta al vivir a Gatsby, y en cierta forma, si bien no es su mejor
actuación, probablemente sea el papel que nació para interpretar. Sin embargo,
con todos mis halagos, hasta yo tengo que admitir que la constante repetición
del “Old Sport” le saco un poco de encanto. Por más que en la novela se repita
casi tantas veces como el apellido del protagonista, fue explotada demasiado.
Para revivir el núcleo de la novela, a mucho es acreditable
al manejo de sus múltiples temas más allá de la narrativa central. Aquí
encontramos una mirada excelente a una sociedad aparentemente perfecta y
reluciente que no es más que una tapadera mortal una vez enganchado. Toda esa
belleza en pantalla, tan dinámica, tan atractiva, es una luz brillante que ha
atrapado a tantos, que posee unas cuantas víctimas, y de la cual Gatsby se cree
capaz de tocar. Mucho de esto también es justificado con algunos de sus
símbolos, los cuales saltan intactos desde la prosa, como son los icónicos ojos
del Dr. Eckleburg vigilando el valle de las cenizas o la hipnotizante luz verde
frente a la mansión del protagonista. Este último símbolo literario se impone
bellamente en la pantalla y la lidera desde la primera toma a medida que es
acompañada por su propio sonido. La luz verde se ha interpretado de diversas
formas, pero a mi ver, es el objeto que
simboliza el deseo que Gatsby tiene por alcanzar su pasado, estirando su mano,
tratando de tomarlo al verlo tan cerca, incluso sabiendo que todavía se
mantiene inalcanzable. Esa siempre ha sido una de las facetas más interesantes del
personaje, su esperanza, su deseo de alcanzar su propio sueño americano, el cual
se demuestra imposible, una ilusión llevada por una época de oro al borde de
una decadencia inminente, la cual fue prácticamente predicha por la novela de
Fitzgerald. Luhrmann entiende esa gran reflexión, y sobre todo lo que hace,
justifica todo su estilo visual con este y otros temas en el libro, los cuales,
como dije antes, están ahí, y son lo que la hacen una adaptación bastante única
y ante muchos pronósticos, fiel.
Otro de los puntos centrales para la narrativa principal es
Daisy Buchanan, prima de Nick. Interpretada por Carey Mulligan. Daisy es un
personaje que por más de ser absolutamente interesante, podría definirla como
simple. Viéndolo así, Mulligan es una de mis sorpresas al ver lo que logra
hacer con esta co-protagonista. Mulligan deja ver la ingenuidad que la
caracteriza y hace mucho con un personaje que podría requerir pasarse casi
sonámbulo durante la mayoría de la cinta. Francamente no hay desperdicio en este
elenco perfectamente elegido. Además del Tom Buchanan de Joel Edgerton, que deja
todo en un climax que solo se centra en palabras, también tengo que hacer
mención de Elizabeth Debicki, quien da vida a uno de mis personajes favoritos en
la historia. Jordan Baker, la delgada y alta golfista profesional está intacta.
Aunque ver que algunos de sus puntos en la novela han desaparecido me molesta
bastante, tampoco agregarían demasiado, pero aun así, viendo lo bien que lo
hace Debicki, le guardo un poco de rencor al director y guionista por privarnos
de ver más de ella.
A medida que vemos algunos de los pasajes más importantes en
el trabajo de Fitzgerald textualmente, la cinta se cierra con las mismas
palabras que concluyen el libro. Mientras Tobey Maguire repite esas ultimas
frases, la película le da un verdadero broche de oro a un tercer acto perfecto.
El tono de la historia toma una importante transición, de alegre y esperanzadora a trágica y reflexiva, y esos últimos minutos concluyen un resaltable trabajo
tanto técnico como narrativo que inspira un silencio poderoso a medida que los últimos
respiros de esta maravillosa historia quedan implantados en pantalla.























